Home

Liturgia

Formazione

Rassegna stampa

Search

Risorse

Sostienici

Home

papa videomessaggio ai giovaniPubblichiamo di seguito il testo del Videomessaggio che il Santo Padre Francesco ha inviato ai ragazzi e alle ragazze che partecipano al II Incontro Nazionale della Gioventù, in corso dal 25 al 27 maggio a Rosario, in Argentina, sul tema “Con voi rinnoviamo la storia”:

Videoessaggio del Santo Padre

Queridos chicos y chicas:

Me alegra hacerme presente a través de este video mensaje en este Encuentro Nacional de Juventud que están viviendo en Rosario. Me lo pidieron mis hermanos obispos, y lo hago con gusto.

Sé que se prepararon con mucho esfuerzo y de muchas maneras para poder estar ahí. Gracias por todo ese trabajo, por ponerse en camino con alegría, con fe y esperanza, con ilusiones compartidas. Cuando uno va a un encuentro de jóvenes siempre hay fe, esperanza, ilusiones que se van compartiendo allí y van creciendo. ¡Gracias por el entusiasmo que contagian —donde hay jóvenes hay lío— por el amor hacia Cristo y los hermanos, que en estos días seguramente va a ir en aumento! Pero que no sea espuma, que no sea solo espuma. Que sea jabón que hace espuma, pero que sea jabón.

Cuando pensaba en ustedes y en qué podía compartirles para este encuentro, se me ocurrieron tres palabras: presencia, comunión y misión.

La primera palabra es presencia. Jesús está con nosotros, está presente en nuestra historia. Si no nos convencemos de esto, no somos cristianos. Él camina con nosotros, aunque no lo conozcamos. Pensemos en los discípulos de Emaús. Jesús se ha hecho nuestro hermano, nos invita también a nosotros a encarnarnos, a construir juntos esa palabra tan linda, la civilización del amor, como discípulos y misioneros suyos, acá y ahora: en tu casa, con tus amigos, en las situaciones que te tocan vivir a diario. Para eso es necesario estar con él, ir a su encuentro en la oración, en la Palabra, en los sacramentos. Dedicarle tiempo, hacer silencio para oír su voz. ¿Vos sabés hacer silencio en tu corazón para escuchar la voz de Jesús? No es fácil. Probá.

Él está con vos, aunque tal vez en algunos momentos te sientas como los de Emaús antes de encontrarse con Jesús resucitado: te sientas triste, decepcionado, bajoneado, bajoneada, sin muchas esperanzas de que las cosas cambien. Y bueno, se ven cada cosa en la vida, que a veces, claro, nos bajoneamos. Vas herido por el camino, y parece que ya no podés más, que las contradicciones son más fuertes de todo lo positivo, de toda la polenta que vos le quieras poner, que no ves la luz al final del túnel. Pero cuando te encontrás con Jesús —es una gracia— el buen samaritano que se acerca a ayudarte, ese Jesús, todo se renueva, vos te renovás y podés con Jesús renovar la historia. "Eh padre no exagere, cómo vamos a renovar la historia". Podés renovar la historia. La renovó una chica de dieciséis años que en Nazaret dijo "sí". Podés renovar la historia.

El buen samaritano es Cristo que se acerca al pobre, al que lo necesita. El buen samaritano también sos vos cuando, como Cristo, te acercás al que está a tu lado, y en él sabés descubrir el rostro de Cristo. Es un camino de amor y misericordia: Jesús nos encuentra, nos sana, nos envía a sanar a otros. Nos envía a sanar a otros. Solamente nos es lícito mirar a una persona de arriba a abajo, desde arriba, solamente para agacharnos y ayudarla a levantarse. Si no, no tenemos derecho de mirar a nadie desde arriba. Nada con la naricita así, ¿eh? Si yo miro desde arriba es para agachar y ayudar a levantar.

Pero para recorrer este camino de ayudar a levantar a otros, no lo olvidemos, necesitamos de los encuentros personales con Jesús, momentos de oración, de adoración y, sobre todo, de escucha de la Palabra de Dios. Les pregunto nomás: ¿Cuántos de ustedes leen dos minutos el Evangelio en el día? ¡Dos minutos, eh! Tenés un Evangelio chiquito, lo llevás en el bolsillo, en la cartera... Mientras vas en el bus, mientras vas en el subte, en el tren o te parás y te sentás en tu casa, lo abrís y leés dos minutos. Probá. Y vas a ver cómo te cambia la vida. ¿Por qué? Porque te encontrás con Jesús. Te encontrás con la Palabra.

La segunda palabra es comunión. No vamos solos escribiendo la historia; algunos se la creyeron, piensan que solos o con sus planes van a construir la historia. Somos un pueblo y la historia la construyen los pueblos, no los ideólogos. Los pueblos son los protagonistas de la historia. Somos una comunidad, somos una Iglesia. Y si vos querés construir como cristiano tenés que hacerlo en el pueblo de Dios, en la Iglesia, como pueblo. No en un grupito pitucón o estilizado, apartado de la vida del pueblo de Dios. El pueblo de Dios es la Iglesia, con toda la gente de buena voluntad, con sus chicos, sus grandes, sus enfermos, sus sanos, sus pecadores ¡que somos todos! Con Jesús, la Virgen, los Santos que nos acompañan. Caminar en pueblo. Construir una historia de pueblo. Jesús cuenta con vos y también cuenta con él, con ella, con todos nosotros, con cada uno. Sabemos que como Iglesia estamos en un tiempo muy especial, en el año del Sínodo de los obispos que va a tratar el tema de los jóvenes. Ustedes los jóvenes serán el objeto de las reflexiones de este Sínodo. Y además, recibiremos de ustedes los aportes, ya sea de la asamblea pre-sinodal que se realizó en Roma, con 350 chicos y chicas de todo el mundo: cristianos, no cristianos y no creyentes, en la cual también participaron 15.000 a través de las redes sociales, que se iban comunicando con ellos. Ellos han hecho una propuesta, una semana estudiaron: peleando, discutiendo, riéndose. Y ese aporte nos llega al Sínodo. Y ahí estás vos. Con ese aporte vamos adelante.

Los invito a ser partícipes, protagonistas desde el corazón de este acontecimiento eclesial tan importante. No se queden al margen, comprométanse, digan lo que piensan. No sean exquisitos: "Que me miró, que me tocó, que si la piensa distinto, que no estoy de acuerdo con lo que pensás". ¿Vos cómo vivís? ¡Compartí lo que vivís! El Papa quiere escucharlos. El Papa quiere dialogar y buscar juntos nuevos caminos de encuentro, que renueven nuestra fe y revitalicen nuestra misión evangelizadora.

Ustedes saben mejor que yo que las computadoras, los celulares necesitan actualizaciones para funcionar mejor. También nuestra pastoral necesita actualizarse, renovarse, revisar la conexión con Cristo a la luz del Evangelio —ese que desde ahora vas a llevar en el bolsillo y vas a leer dos minutos por día— mirando al mundo de hoy, discerniendo y dando nuevas energías a la misión compartida. Ese es el trabajo que van a tener ustedes en estos días, sobre todo, y que yo acompaño con mi cercanía y mi oración. Y mi simpatía.

Decíamos, entonces, presencia y comunión. La tercera palabra es misión. Se nos llama a ser Iglesia en salida, en misión. Una Iglesia misionera, no encerrada en nuestras comodidades y esquemas, sino que salga al encuentro del otro. Iglesia samaritana, misericordiosa, en actitud de diálogo, de escucha. Jesús nos convoca, nos envía y nos acompaña para acercarnos a todos los hombres y mujeres de hoy. Así lo escucharemos el próximo domingo en el Evangelio: «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo... Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28, 19-20). ¡Vayan, no tengan miedo! Los jóvenes tienen la fuerza de la inquietud, del inconformismo —sean inconformistas—, hagan lío, no dejen que la historia se escriba fuera, mientras miran por la ventana, "no balconeen la vida", pónganse las zapatillas, salgan, con la camiseta de Cristo y juéguense por sus ideales. Vayan con él a curar las heridas de tantos hermanos nuestros que están tirados al borde del camino, vayan con él a sembrar esperanza en nuestros pueblos y ciudades, vayan con él a renovar la historia.

Muchas veces han oído decir que ustedes son el futuro, en este caso el futuro de la patria. El futuro está en las manos de ustedes, verdad, porque nosotros nos quedamos y ustedes siguen. Pero cuidado: un futuro sólido, un futuro fecundo, un futuro que tenga raíces. Algunos sueñan con un futuro utópico: "No, la historia ya pasó; no, lo de antes no, ahora empieza". Ahora no empieza nada. Te la vendieron. Bernárdez, nuestro poeta, termina un verso diciendo: «Lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado». Volvé a las raíces y armá tú futuro desde las raíces desde donde te viene la savia: no renegués la historia de tu patria, no renegués la historia de tu familia, no niegues a tus abuelos. Buscá las raíces, buscá la historia. Y desde allí construí el futuro. Y aquellos que te dicen: "Que si los héroes nacionales ya pasaron o que no tiene sentido, que ahora empieza todo de nuevo..." Riételes en la cara. Son payasos de la historia.

Y los invito también a mirar en estos días a María, la Virgen del Rosario, que supo estar cerca de su Hijo acompañándolo en sus misterios de gozo y de dolor, de luz y de gloria. Que ella, María, Madre de la cercanía y la ternura, Señora del corazón abierto y siempre disponible para ir al encuentro de quienes la necesitan, sea su maestra en el modelo de la vida de fe. Ustedes busquen allí, que ella les enseña.

Que Jesús los bendiga, que la Virgen Santa los cuide a ustedes, a sus familias, a sus comunidades. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí, para que sepa transmitir las raíces a las nuevas generaciones que las harán florecer en el futuro. Y esos son ustedes. ¡Gracias!

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html 27 maggio 2018


«Presenza, comunione e missione»: sono le tre parole su cui è incentrato il videomessaggio in spagnolo inviato dal Papa ai partecipanti al secondo incontro nazionale della gioventù argentina, svoltosi dal 25 al 27 maggio a Rosario, sul tema «Con voi rinnoviamo la storia». Eccone la traduzione italiana.

Cari ragazzi e ragazze, sono felice di essere presente, attraverso questo videomessaggio, all’Incontro Nazionale della Gioventù che state vivendo a Rosario. Me lo hanno chiesto i miei fratelli vescovi e io lo faccio con p i a c e re . So che vi siete preparati con grande sforzo e in molti modi per poter essere lì. Grazie per tutto questo lavoro, per esservi messi in cammino con gioia, con fede e speranza, con aspettative condivise. Quando si va a un incontro di giovani ci sono sempre fede, speranza, aspettative, che si stanno condividendo lì e che stanno crescendo. Grazie per l’entusiasmo che trasmettete — dove ci sono giovani c’è chiasso — per l’amore verso Cristo e i fratelli che in questi giorni sicuramente aumenterà! Ma che non sia schiuma, che non sia solo schiuma. Che sia sapone che fa schiuma, ma che sia sapone. Mentre pensavo a voi e a ciò che potevo condividere con voi per questo incontro, mi sono venute in mente tre parole: p re s e n za , comunione e missione . La prima parola è p re s e n z a . Gesù è con noi, è presente nella nostra storia. Se non ce ne convinciamo, non siamo cristiani. Lui cammina con noi, anche se non lo conosciamo. Pensiamo ai discepoli di Emmaus. Gesù si è fatto nostro fratello, invita anche noi a incarnarci, a costruire insieme questa espressione così bella, la civiltà dell’a m o re , come suoi discepoli e missionari, qui e ora: nella tua casa, con i tuoi amici, nelle situazioni che devi vivere ogni giorno. Perciò è necessario stare con lui, andargli incontro nella preghiera, nella Parola, nei sacramenti. Dedicargli tempo, fare silenzio per udire la sua voce. Sai fare silenzio nel tuo cuore per ascoltare la voce di Gesù? Non è facile. Provaci. Lui sta con te, anche se a volte, in certi momenti, ti senti come quelli di Emmaus prima dell’incontro con Gesù risorto: ti senti triste, deluso, abbattuto, abbattuta, senza grandi speranze che le cose possano cambiare. Ebbene, nella vita si vede di tutto, per cui, chiaro, a volte ci abbattiamo. Vai ferito per il cammino, e sembra che non ce la fai più, che le contraddizioni sono più forti di tutte le cose positive, di tutta quella forza che ci vuoi mettere, che non vedi la luce alla fine del tunnel. Ma quando incontrerai Gesù — è una grazia — il buon samaritano che si avvicina per aiutarti, quel Gesù, tutto si rinnova, tu ti rinnovi e puoi con Gesù rinnovare la storia. «Ehi padre non esagerare, come possiamo rinnovare la storia!». Puoi rinnovare la storia. L’ha rinnovata quella ragazza di diciassette anni che a Nazaret ha detto “sì”. Puoi rinnovare la storia. Il buon samaritano è Cristo che si avvicina al povero, a chi ha bisogno di lui. Il buon samaritano sei anche tu quando, come Cristo, ti avvicini a chi sta accanto a te, e in lui sai scoprire il volto di Cristo. È un cammino di amore e di misericordia: Gesù ci viene incontro, ci guarisce, ci invia a guarire altri. Ci invia a guarire altri. Ci è lecito guardare una persona dall’alto in basso, dall’alto, solamente per abbassarci e aiutarla ad alzarsi. Altrimenti non abbiamo diritto a guardare nessuno dall’alto. Niente puzza sotto il naso, eh! Se guardo dall’alto è per abbassarmi e aiutare a rialzare. Per poter percorrere questo cammino di aiutare a rialzare altri, non lo dimentichiamo, abbiamo bisogno degli incontri personali con Gesù, di momenti di preghiera, di adorazione e, soprattutto, di ascolto della Parola di Dio. Vi chiedo soltanto: quanti di voi leggono due minuti al giorno il Vangelo? Due minuti, eh! Hai un Vangelo piccolo, lo porti in tasca, in borsa... Mentre vai in autobus, mentre vai in metro o in treno, ti fermi e ti senti a casa, lo apri e leggi due minuti. Provaci. E vedrai come ti cambia la vita. Perché? Perché incontrerai Gesù. Incontrerai la Pa ro l a . La seconda parola è comunione . Non scriveremo la storia da soli; alcuni hanno creduto di farlo, pensano che da soli o con i loro piani costruiranno la storia. Siamo un popolo e la storia la costruiscono i popoli, non gli ideologi. I popoli sono i protagonisti della storia. Siamo una comunità, siamo una Chiesa. E se vuoi costruire come cristiano devi farlo nel popolo di Dio, nella Chiesa, come popolo. Non in un gruppetto snob o chic, distaccato dalla vita del popolo di Dio. Il popolo di Dio è la Chiesa, con tutta la gente di buona volontà, con i suoi ragazzi, i suoi adulti, i suoi malati, i suoi sani, i suoi peccatori, che tutti siamo! Con Gesù, la Vergine, i Santi che ci accompagnano. Camminare in popolo. Costruire una Chiesa di popolo . Gesù conta su di te e conta anche su di lui, su di lei, su tutti noi, su ognuno. Sappiamo che come Chiesa siamo in un tempo molto speciale, nell’anno del Sinodo dei vescovi che tratterà il tema dei giovani. Voi giovani sarete l’oggetto delle riflessioni di questo Sinodo. E riceveremo anche i vostri apporti, dell’assemblea pre-sinodale che si è tenuta a Roma, con 350 ragazzi e ragazze da tutto il mondo, — cristiani, non cristiani e non credenti — e alla quale hanno partecipato anche 15.000 giovani attraverso le reti sociali, che li hanno sempre tenuti informati. Loro hanno fatto una proposta, hanno studiato per una settimana: litigando, discutendo, ridendo. E quell’apporto giungerà al Sinodo. E lì ci sei tu. Con questo apporto andiamo avanti. Vi invito a essere partecipi, protagonisti dal cuore di questo evento ecclesiale così importante. Non rimanete in disparte, impegnatevi, dite ciò che pensate. Non siate schizzinosi: «mi ha guardato, mi ha toccato, io la penso diversamente, non sono d’accordo con quello che pensi tu». Tu come vivi? Condividi ciò che vivi! Il Papa vuole ascoltarvi. Il Papa vuole dialogare e cercare insieme nuovi cammini d’incontro, che rinnovino la nostra fede e rinvigoriscano la nostra missione evangelizzatrice. Voi sapete meglio di me che i computer, i cellulari, vanno aggiornati per funzionare meglio. Anche la nostra pastorale ha bisogno di essere aggiornata, rinnovata, di rivedere la connessione con Cristo alla luce del Vangelo — quello che d’ora in poi porterai in tasca e leggerai due minuti al giorno — guardando al mondo di oggi, discernendo e dando nuove energie alla missione condivisa. È il lavoro che affronterete anzitutto in questi giorni, e che io accompagno con la mia vicinanza e la mia preghiera. E con la mia simpatia. Diciamo, allora, presenza e comunione. La terza parola è missione . Siamo chiamati a essere Chiesa in uscita, in missione. Una Chiesa missionaria, non chiusa nelle nostre comodità e schemi, ma che esca per andare incontro all’altro. Chiesa samaritana, misericordiosa, in atteggiamento di dialogo, di ascolto. Gesù ci convoca, ci invia e ci accompagna per avvicinarci a tutti gli uomini e le donne di oggi. Così lo ascolteremo la prossima domenica nel Vangelo: «Andate dunque e ammaestrate tutte le nazioni, battezzandole nel nome del Padre e del Figlio e dello Spirito santo... io sono con voi tutti i giorni, fino alla fine del mondo» ( Mt 28, 19-20). Andate, non abbiate paura! Voi giovani avete la forza dell’i r re q u i e t e z z a , dell’anticonformismo, — siate anticonformisti — fate chiasso, non lasciate che la storia si scriva fuori, mentre guardate dalla finestra, «non guardate la vita dal balcone», mettetevi le scarpe da ginnastica, uscite con la maglietta di Cristo e mettetevi in gioco per i suoi ideali. Andate con lui a curare le ferite di tanti nostri fratelli buttati ai margini del cammino, andate con lui a seminare speranza nei nostri popoli e nelle nostre città, andate con lui a rinnovare la storia. Molto spesso avete sentito dire di voi che siete il futuro, in questo caso il futuro della patria. Il futuro sta nelle vostre mani, è vero, perché noi ci fermiamo e voi andate avanti. Ma attenzione: un futuro solido, un futuro fecondo, un futuro che abbia radici. Alcuni sognano un futuro utopico: «No, la storia è già passata; no, quello che c’era prima no, inizia tutto ora». Ora non inizia nulla. Te l’hanno fatto credere. Bernárdez, il nostro poeta, termina un verso dicendo: «quello che l’albero ha di fiorito vive di quello che ha seppellito». Torna alle radici e costruisci il tuo futuro dalle radici, da dove ti viene la linfa: non rinnegare la storia della tua patria, non rinnegare la storia della tua famiglia, non negare i tuoi nonni. Cerca le radici, cerca la storia. E da lì costruisci il futuro. E a quelli che ti dicono, «gli eroi nazionali fanno parte del passato, non hanno più senso, ora tutto inizia di nuovo...», ridi loro in faccia. Sono pagliacci della storia. Vi invito anche a guardare in questi giorni a Maria, la Vergine del Rosario, che ha saputo stare vicino a suo Figlio accompagnandolo nei suoi misteri di gioia e di dolore, di luce e di gloria. Che Maria, Madre della vicinanza e della tenerezza, Signora dal cuore aperto e sempre disponibile ad andare incontro a quanti hanno bisogno di lei, sia la vostra maestra nel modello della vita di fede. Cercate lì, che lei vi insegna. Che Gesù vi benedica, che la Vergine Santa si prenda cura di voi, delle vostre famiglie e delle vostre comunità. E, per favore, non dimenticate di pregare per me, perché sappia trasmettere le radici alle nuove generazioni che le faranno fiorire in futuro. E queste siete voi! Grazie!

© Osservatore Romano - 28-29 maggio 2018