Benedetto XVI ha ricevuto nella mattina di venerdì 22 ottobre, alle ore 11, in solenne udienza, Sua Eccellenza il Signor Luis Dositeo Latorre Tapia, nuovo Ambasciatore dell'Ecuador presso la Santa Sede, il quale ha presentato le Lettere con le quali viene accreditato nell'alto ufficio. Il diplomatico, rilevato alla sua residenza da un Gentiluomo di Sua Santità e da un Addetto di Anticamera, è giunto alle 10.45 al Cortile di San Damaso, nel Palazzo Apostolico Vaticano, ove un reparto della Guardia Svizzera Pontificia rendeva gli onori. Al ripiano degli ascensori, era ricevuto da un Gentiluomo di Sua Santità e subito dopo saliva alla seconda Loggia, dove si trovavano ad attenderlo gli Addetti di Anticamera e i Sediari. Dalla seconda Loggia il corteo si dirigeva alla Sala Clementina, dove l'Ambasciatore veniva ricevuto dal prefetto della Casa Pontificia, l'arcivescovo James Michael Harvey, il quale lo introduceva alla presenza del Pontefice nella Biblioteca privata. Dopo la presentazione delle Credenziali da parte dell'Ambasciatore avevano luogo lo scambio dei discorsi e, quindi, il colloquio privato. Successivamente, nella Sala Clementina l'Ambasciatore prendeva congedo dal prefetto della Casa Pontificia e si recava a far visita al cardinale Tarcisio Bertone, Segretario di Stato. Al termine del colloquio il diplomatico discendeva nella Basilica Vaticana: ricevuto da una delegazione del Capitolo, si recava dapprima nella Cappella del Santissimo Sacramento per un breve atto di adorazione; passava poi a venerare l'immagine della Beatissima Vergine e, quindi, la tomba di San Pietro. Al termine della visita l'Ambasciatore prendeva congedo dalla delegazione del Capitolo, quindi, alla Porta della Preghiera, prima di lasciare la Basilica, si congedava dai dignitari che lo avevano accompagnato e faceva ritorno alla sua residenza.
Señor Embajador:
1. Me complace recibir de sus manos las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República del Ecuador ante la Santa Sede y, al manifestarle la más cordial bienvenida, tenga la bondad de acoger las expresiones de mi afecto por todos los hijos de esa dilecta Nación. Le agradezco asimismo las gentiles palabras que me ha dirigido de parte del Señor Presidente Constitucional de la República, Economista Rafael Correa Delgado, a las que correspondo gustoso, rogándole al mismo tiempo que le transmita mis férvidos votos de paz y bienestar para su Persona y el noble pueblo del Ecuador.
2. En Vuestra Patria, que tuve la dicha de visitar, en 1978, como Enviado Extraordinario de mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo i, al iii Congreso Mariano Nacional del Ecuador, la Palabra de Cristo fue esparcida con generosidad y floreció esplendorosamente. En ella se alcanzaron cimas de santidad muy preclaras, que se suman a otras no tan conocidas, pero no por eso menos significativas, y que son timbre de gloria para esa amada República, a la vez que ponen de relieve cuántos beneficios puede aportar la fe católica a la promoción de todas aquellas iniciativas que dignifican a la persona y perfeccionan la sociedad. Tal ha sido el norte al que ha mirado y mira en todo momento la Iglesia en vuestro País. Ella, en el cumplimiento de su misión específica, no busca privilegio alguno; sólo quiere incrementar cuanto contribuya al desarrollo integral de las personas. En este sentido, la comunidad eclesial, que ha visto su alegría multiplicada con la reciente erección canónica de la Diócesis de San Jacinto de Yaguachi, goza también cuando se ve favorecida la concordia social, por lo que secunda el esfuerzo que las Autoridades ecuatorianas vienen llevando a cabo en estos últimos años para redescubrir los cimientos de la propia convivencia democrática, fortalecer el Estado de derecho y dar nueva pujanza a la solidaridad y la fraternidad. Pido al Altísimo que este luminoso horizonte de esperanza se dilate cada vez más con nuevos proyectos y atinadas decisiones, de modo que el bien común prevalezca sobre los intereses de partido o de clase, el imperativo ético sea punto de referencia obligatorio de todo ciudadano, la riqueza sea equitativamente distribuida, y los sacrificios se compartan por igual y no graven únicamente sobre los más menesterosos. 3. La presencia de Vuestra Excelencia en este solemne acto me permite dirigir mi pensamiento a vuestra Patria, a la que el Creador dotó de formidables recursos naturales, en un suelo fértil y surcado de una alternancia incomparable de mesetas andinas, níveas cumbres y ríos majestuosos, que han de ser preservados con esmero y probidad, pues son reflejo del amor y la grandeza de Dios. Esa filigrana de raras bellezas paisajísticas está en conformidad con el rosario de cualidades que adornan a los ecuatorianos, gente hospitalaria y emprendedora, que reconoce que no hay progreso justo ni bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo. Sin esta exigencia irrenunciable, la vida pública se debilita en sus motivaciones y se corre también "el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal" (Caritas in veritate, 56). Dichos valores esenciales arraigan hondamente en la verdad del ser humano que, creado a imagen y semejanza de Dios, constituye de por sí el límite de todo poder político y, a la vez, la razón de su servicio. A este respecto, la historia enseña que el desconocimiento o tergiversación de esta verdad sobre el hombre es a menudo el pórtico de injusticias y totalitarismos. En cambio, cuando el Estado se dota de los instrumentos legislativos y jurídicos adecuados para que sea pródigamente salvaguardada y favorecida, el régimen de libertad y auténtica participación ciudadana se consolida, el tejido social se afianza y la asistencia a los más desprotegidos se fortalece.
4. Señor Embajador, si en el pasado de vuestra querida Nación, tan cercana al corazón del Papa, ha habido momentos de dificultad y zozobra, no han sido menores las virtudes humanas y cristianas de sus gentes, así como sus anhelos de superación, con sacrificios que evocan proficuas enseñanzas, cuyo cultivo ulterior se confía a los hombres de hoy, con vistas a la proyección de un futuro sereno y alentador. Las Autoridades ecuatorianas prestarán un gran servicio al País acrecentando ese insigne patrimonio humano y espiritual, del que podrán extraerse energías e inspiración para proseguir construyendo los pilares portantes de toda comunidad humana que se precie de esa denominación, como la defensa de la vida desde su concepción hasta su declive natural, la libertad religiosa, la libre expresión del pensamiento, así como las demás libertades civiles, por ser éstas la auténtica condición para una real justicia social. Ésta, a su vez, no podrá afirmarse sino a partir del apoyo y tutela, también en términos jurídicos y económicos, de la célula original de la sociedad, que no es otra que la familia establecida sobre la unión matrimonial de un hombre con una mujer. De fundamental trascendencia también serán aquellos programas destinados a erradicar el desempleo, la violencia, la impunidad, el analfabetismo y la corrupción. En la consecución de estos loables objetivos, los Pastores de la Iglesia son conscientes de que no han de entrar en el debate político, proponiendo soluciones concretas o imponiendo el propio comportamiento. Pero tampoco pueden ni deben permanecer neutrales ante los grandes problemas o aspiraciones del ser humano, ni ser indolentes a la hora de luchar por la justicia. Con el debido respeto a la pluralidad de opciones legítimas, su papel consiste más bien en iluminar con el Evangelio y la Doctrina social de la Iglesia las mentes y las voluntades de los fieles, para que escojan con responsabilidad las decisiones encaminadas a la edificación de una sociedad más armónica y ordenada.
5. Excelencia, una de las grandes metas que vuestros conciudadanos se han propuesto es la de lograr una amplia reforma del sistema educativo, desde los niveles primarios a los universitarios. La Iglesia en Ecuador tiene una fructífera historia en el área de la instrucción de la niñez y juventud, habiendo ejercido su obra docente con particular abnegación en regiones lejanas, incomunicadas y depauperadas de la Nación. Es de justicia que no se ignore esta ardua tarea eclesial, ejemplo de sana colaboración con el Estado. Antes bien, la comunidad cristiana desea seguir poniendo su larga experiencia en este campo al servicio de todos. Por ello, tiene su mano abierta para concurrir a la elevación del nivel cultural, que constituye un desafío prioritario para el recto progreso humano, lo cual reclama al mismo tiempo aquella libertad sin la cual la educación dejaría de ser tal. En efecto, la identidad más profunda de la escuela y la universidad no se agota en la mera transmisión de datos o informaciones útiles, sino que responde a la voluntad de infundir en los alumnos el amor a la verdad, que los conduzca hacia aquella madurez personal con que habrán de ejercer su papel de protagonistas del desarrollo social, económico y cultural del País. Al aceptar este reto, la Autoridad pública ha de garantizar el derecho que asiste a los padres, tanto de formar a sus hijos según sus propias convicciones religiosas y criterios éticos, como de fundar y sostener instituciones docentes. En esta perspectiva, es también importante que la Autoridad pública respete la identidad específica y la autonomía de las instituciones educativas y de la universidad católica, en consonancia con el modus vivendi, suscrito hace más de setenta años entre la República del Ecuador y la Santa Sede. Por otra parte, en virtud de sus derechos educativos, los padres tienen que contar con que la libertad de educación sea promovida también en las instituciones docentes estatales, donde la legislación seguirá asegurando la enseñanza religiosa escolar en el marco curricular correspondiente a los fines propios de la escuela en cuanto tal.
6. Señor Embajador, al concluir este encuentro que da inicio a vuestra misión de estrechar más todavía las ya fecundas relaciones entre la República del Ecuador y la Santa Sede, confío a Vuestra Excelencia, a su distinguida familia y al personal de esa Misión Diplomática a la amorosa intercesión de María Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche, celestial Patrona del Ecuador. A la Madre de Dios le suplico que acompañe a todos los hijos de esa hermosa tierra, para que se avive en ellos aquel pensamiento de vuestro egregio compatriota, el Dr. Eugenio de Santacruz y Espejo, que en los días de la independencia de la Nación, hace ahora doscientos años, exhortaba a todos los ecuatorianos a ser libres al amparo de la Cruz. Con estos sentimientos, imploro de Aquel que estuvo clavado en ella que proteja y bendiga a todos vuestros conciudadanos.
Questa la traduzione del discorso del Papa all'ambasciatore dell'Ecuador.
Signor Ambasciatore,
Sono lieto di ricevere dalle sue mani le Lettere che l'accreditano come Ambasciatore Straordinario e Plenipotenziario della Repubblica dell'Ecuador presso la Santa Sede, e, nel porgerle il più cordiale benvenuto, le chiedo di accogliere le espressioni del mio affetto per tutti i figli di questa amata Nazione. La ringrazio anche per le gentili parole che mi ha rivolto da parte del Signor Presidente Costituzionale della Repubblica, l'Economista Rafael Correa Delgado, che contraccambio con piacere, e allo stesso tempo le chiedo di trasmettergli i miei più ferventi voti di pace e di benessere per la sua persona e per il nobile popolo dell'Ecuador.
Nella sua patria, che ho avuto la gioia di visitare nel 1978, come Inviato Straordinario del mio venerato Predecessore, Papa Giovanni Paolo ii, al iii Congresso Mariano Nazionale dell'Ecuador, la Parola di Dio è stata seminata con generosità ed è splendidamente fiorita. In essa sono state raggiunte vette di santità illustri, che si sommano ad altre non tanto note, ma non per questo meno significative, che sono suggello di gloria per questa amata Repubblica e allo stesso tempo evidenziano quanti benefici la fede cattolica può apportare alla promozione di tutte quelle iniziative che nobilitano la persona e perfezionano la società. Questo è stato la meta a cui ha aspirato e aspira in ogni momento la Chiesa nel suo Paese. Essa, nel compimento della sua missione specifica, non ricerca alcun privilegio; vuole solo incrementare tutto ciò che può contribuire allo sviluppo integrale delle persone. In tal senso, la comunità ecclesiale, che ha visto la sua gioia moltiplicata con la recente erezione canonica della Diocesi di San Jacinto de Yaguachi, gioisce anche quando vede favorita la concordia sociale e a tal fine asseconda lo sforzo che le Autorità ecuadoriane stanno compiendo da diversi anni per riscoprire le fondamenta della stessa convivenza democratica, rafforzare lo stato di diritto e dare nuovo impulso alla solidarietà e alla fratellanza. Chiedo all'Altissimo che questo luminoso orizzonte di speranza si dilati sempre più con nuovi progetti e decisioni appropriate, di modo che il bene comune prevalga sugli interessi di partito e di classe, l'imperativo etico sia il punto di riferimento obbligatorio di ogni cittadino, la ricchezza sia equamente distribuita e i sacrifici si condividano in modo eguale e non gravino solo sui più bisognosi.
La sua presenza, Eccellenza, in questo solenne atto mi permette di rivolgere il mio pensiero alla sua Patria, che il Creatore ha dotato di formidabili risorse naturali, con un suolo fertile e solcato da un'incomparabile alternanza di mesete andine, candide vette e fiumi maestosi, che devono esser preservati con impegno e probità, poiché sono riflesso dell'amore e della grandezza di Dio. Questa filigrana di rare bellezze paesaggistiche è conforme alla serie di qualità che contraddistinguono gli ecuadoriani, gente ospitale e operosa, che riconosce che non c'è progresso giusto né bene comune universale senza il bene spirituale e morale delle persone, considerate nella loro totalità di anima e corpo. Senza questo requisito irrinunciabile, la vita pubblica si debilita nelle sue motivazioni e "i diritti umani rischiano di non essere rispettati o perché vengono privati del loro fondamento trascendente o perché non viene riconosciuta la libertà personale" (Caritas in veritate, n. 56). Tali valori fondamentali sono profondamente radicati nella verità dell'essere umano che, creato a immagine e somiglianza di Dio, costituisce di per sé il limite di ogni potere politico e, allo stesso tempo, la ragione del suo servizio. A tale proposito la storia insegna che ignorare o distorcere questa verità sull'uomo conduce spesso a ingiustizie e a totalitarismi. Invece quando lo Stato si dota degli strumenti legislativi e giuridici adeguanti affinché essa venga generosamente salvaguardata e favorita, il regime di libertà e di autentica partecipazione civile si consolida, il tessuto sociale si fortifica e l'assistenza ai più bisognosi si rafforza.
Signor Ambasciatore, se nel passato della sua amata Nazione, tanto vicina al cuore del Papa, ci sono stati momenti di difficoltà e di apprensione, non sono state minori le virtù umane e cristiane del suo popolo, come pure gli aneliti di superamento, con sacrifici che evocano proficui insegnamenti, la cui ulteriore cura è affidata agli uomini di oggi, in vista della proiezione di un futuro sereno e lusinghiero. Le Autorità ecuadoriane presteranno un gran servizio al Paese se accresceranno questo insigne patrimonio umano e spirituale, dal quale si potranno trarre energie e ispirazione per continuare a costruire le colonne portanti di ogni comunità umana che si pregia di tale nome, come la difesa della vita dal suo concepimento fino al suo termine naturale, la libertà religiosa, la libera espressione del pensiero, e anche le altre libertà civili, costituendo queste ultime l'autentica condizione per una reale giustizia sociale. Questa, a sua volta, si potrà affermare solo a partire dal sostegno e dalla tutela, anche in termini giuridici ed economici, della cellula primaria della società, che non è altro che la famiglia basata sull'unione matrimoniale fra un uomo e una donna. Di fondamentale importanza saranno pure quei programmi destinati a sradicare la disoccupazione, la violenza, l'impunità, l'analfabetismo e la corruzione. Nel conseguimento di questi lodevoli obiettivi, i Pastori della Chiesa sono consapevoli di non dover intervenire nel dibattito politico, proponendo soluzioni concrete o imponendo il proprio comportamento. Ma non possono e non devono neppure restare neutrali dinanzi ai grandi problemi o alle aspirazioni dell'essere umano, né essere indolenti al momento di lottare per la giustizia. Con il dovuto rispetto per la pluralità di opzioni legittime, il loro ruolo consiste piuttosto nell'illuminare con il Vangelo e con la Dottrina sociale della Chiesa le menti e le volontà dei fedeli, affinché scelgano con responsabilità le decisioni volte all'edificazione di una società più armoniosa e ordinata.
Eccellenza, una delle grandi mete che i suoi concittadini si sono proposti è quella di ottenere un'ampia riforma del sistema educativo, dal livello primario a quello universitario. La Chiesa in Ecuador ha una feconda storia nell'area dell'istruzione dei bambini e dei giovani, avendo esercitato la sua opera docente con particolare dedizione in regioni lontane, isolate e povere della Nazione. È giusto non ignorare questo arduo compito ecclesiale, esempio di sana collaborazione con lo Stato. Anzi, la comunità cristiana desidera continuare a porre la sua vasta esperienza in questo campo al servizio di tutti. Perciò è pronta a collaborare all'elevazione del livello culturale, che costituisce una sfida prioritaria per il retto progresso umano, il che esige allo stesso tempo quella libertà senza la quale l'educazione smetterebbe di essere tale. In effetti, l'identità più profonda della scuola e dell'università non si esaurisce nella mera trasmissione di dati e d'informazioni utili, ma risponde alla volontà di infondere negli studenti l'amore per la verità, affinché li conduca verso quella maturità personale con cui dovranno esercitare il loro ruolo di protagonisti dello sviluppo sociale, economico e culturale del Paese. Nell'accettare questa sfida, l'Autorità pubblica deve garantire il diritto che corrisponde ai genitori sia di formare i figli secondo le loro convinzioni religiose e i loro criteri etici, sia di fondare e sostenere istituzioni scolastiche. In questa prospettiva è anche importante che l'Autorità pubblica rispetti l'identità specifica e l'autonomia delle istituzioni educative e dell'università cattolica, in sintonia con il modus vivendi, sottoscritto più di settant'anni fa fra la Repubblica dell'Ecuador e la Santa Sede. D'altro canto, in virtù dei loro diritti educativi, i genitori devono poter contare sul fatto che la libertà di educazione venga promossa anche nelle istituzioni scolastiche statali, dove la legislazione continuerà a garantire l'insegnamento religioso scolastico in un curriculum corrispondente ai fini propri della scuola in quanto tale.
Signor Ambasciatore, nel concludere questo incontro che dà inizio alla sua missione di rafforzare ancora di più le già feconde relazioni fra la Repubblica dell'Ecuador e la Santa Sede, affido lei, la sua distinta famiglia e il personale di questa Missione Diplomatica all'amorevole intercessione di Maria Santissima, nel suo titolo di Nuestra Señora de la Presentación del Quinche, celeste Patrona dell'Ecuador. Supplico la Madre di Dio di accompagnare tutti i figli di questa bella terra, affinché si ravvivi in essi il pensiero del loro egregio concittadino, il dottor Eugenio de Santacruz y Espejo, che nei giorni dell'indipendenza della Nazione, duecento anni fa, esortava tutti gli ecuadoriani a essere liberi al riparo della Croce. Con questi sentimenti, imploro da Colui che fu inchiodato ad essa di proteggere e benedire tutti i suoi concittadini.
(©L'Osservatore Romano - 23 ottobre 2010)