Home

Liturgia

Formazione

Rassegna stampa

Search

Risorse

Sostienici

Catechesi Santo Padre

Con l'apertura della Porta santa nella cattedrale di Santiago de Compostela prende inizio, nel pomeriggio di giovedì 31 dicembre, l'Anno santo Compostelano 2010, che richiamerà fedeli spagnoli e pellegrini di tutta Europa e degli altri continenti su quella che la tradizione ritiene la tomba dell'apostolo san Giacomo il Maggiore. Il solenne rito sarà seguito dalla celebrazione eucaristica presieduta dall'arcivescovo di Santiago de Compostela, monsignor Julián Barrio Barrio. L'Anno santo 2010 è il 119 ° di una storia iniziata nel 1120 con Papa Callisto ii, che concesse all'arcidiocesi spagnola il privilegio di poter convocare un Anno santo ogniqualvolta la festa di san Giacomo, il 25 luglio, fosse caduta di domenica. Alla vigilia, l'arcivescovo ha scritto ai fedeli una lettera pastorale, nella quale si ispira al racconto di Emmaus per spiegare il significato dell'Anno santo, lo spirito e il posto del pellegrinaggio. In occasione della "grande perdonanza", Benedetto XVI ha inviato al presule il messaggio che pubblichiamo di seguito.

stemma_ratzinger.jpgA Mons. Julián Barrio Barrio
Arzobispo
de Santiago de Compostela

1. Con ocasión de la apertura de la Puerta  Santa,  que  da  comienzo al Jubileo Compostelano de 2010, hago llegar un cordial saludo a Vuestra Excelencia y a los participantes en esa significativa ceremonia, así como a los pastores y fieles de esa Iglesia particular, que por su vinculación inmemorial con el Apóstol Santiago hunde sus raíces en el Evangelio de Cristo, ofreciendo este tesoro espiritual a sus hijos y a los peregrinos de Galicia, de otras partes de España, de Europa y de los más lejanos rincones del mundo.
Con este acto solemne, se abre un tiempo especial de gracia y de perdón, de la "gran perdonanza", como dice la tradición. Una oportunidad particular para que los creyentes recapaciten sobre su genuina vocación a la santidad de vida, se impregnen de la Palabra de Dios, que ilumina e interpela, y reconozcan a Cristo, que sale a su encuentro, les acompaña en las vicisitudes de su caminar por el mundo y se entrega a ellos personalmente, sobre todo en la Eucaristía. Pero también los que no tienen fe, o tal vez la han dejado marchitar, tendrán una ocasión singular para recibir el don de "Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida" (Lumen gentium, 16).
2. Santiago de Compostela se distingue desde tiempos remotos por ser meta eminente de peregrinos, cuyos pasos han marcado un Camino que lleva el nombre del Apóstol, hasta cuyo sepulcro acuden gentes especialmente de las más diversas regiones de Europa para renovar y fortalecer su fe. Un Camino sembrado de tantas muestras de fervor, penitencia, hospitalidad, arte y cultura, que nos habla elocuentemente de las raíces espirituales del Viejo Continente.
El lema de este nuevo Año Jubilar Compostelano, "Peregrinando hacia la luz", así como la carta pastoral para esta ocasión, "Peregrinos de la fe y testigos de Cristo resucitado", siguen fielmente esta tradición y la reproponen como una llamada evangelizadora a los hombres y mujeres de hoy, recordando el carácter esencialmente peregrino de la Iglesia y del ser cristiano en este mundo (cf. Lumen gentium, 6.48-50). En el Camino se contemplan nuevos horizontes que hacen recapacitar sobre las angosturas de la propia existencia y la inmensidad que el ser humano tiene dentro y fuera de sí, preparándole para ir en busca de lo que realmente su corazón anhela. Abierto a la sorpresa y la trascendencia, el peregrino se deja instruir por la Palabra de Dios, y de este modo va decantando su fe de adherencias y miedos infundados. Así hizo el Señor resucitado con los discípulos que, aturdidos y desalentados, iban de camino hacia Emaús. Cuando a la palabra se añadió el gesto de partir el pan, a los discípulos "se les abrieron los ojos" (cf. Lc 24, 31) y reconocieron al que creían sumido en la muerte. Entonces se encuentran personalmente con Cristo, que vive para siempre y forma parte de sus vidas. En ese momento, su primer y más ardiente deseo es anunciar y atestiguar lo ocurrido ante los demás (cf. Lc 24, 35).
Pido fervientemente al Señor que acompañe a los peregrinos, que se dé a conocer y entre en sus corazones, "para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Ésta es la verdadera meta, la gracia, que el mero recorrido material del Camino no puede alcanzar por sí solo, y que lleva al peregrino a convertirse en testigo ante los demás de que Cristo vive y es nuestra esperanza imperecedera de salvación. En esa Archidiócesis, junto a otras muchas organizaciones eclesiales, se han puesto en marcha múltiples iniciativas pastorales para ayudar a lograr este fin esencial de la peregrinación a Santiago de Compostela, de carácter espiritual, aunque en ciertos casos se tienda a ignorarlo o desvirtuarlo.
3. En este Año Santo, en sintonía con el Año Sacerdotal, un papel decisivo corresponde a los presbíteros, cuyo espíritu de acogida y entrega a los fieles y peregrinos ha de ser particularmente generoso. Peregrinos también ellos, están llamados a servir a sus hermanos ofreciéndoles la vida de Dios, como hombres de la Palabra divina y de lo sagrado (cf. Al retiro sacerdotal internacional en Ars, 28 septiembre 2009). Aliento, pues, a los sacerdotes de esa Archidiócesis, así como a los que se sumen a ellos durante este Jubileo y a los de las diócesis por donde pasa el Camino, a prodigarse en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, pues lo más buscado, lo más preciado y característico del Año Santo es el Perdón y el encuentro con Cristo vivo.
4. En esta circunstancia, expreso mi especial cercanía a los peregrinos que llegan y seguirán llegando a Santiago. Les invito a que hagan acopio de las sugestivas experiencias de fe, caridad y fraternidad que encuentren en su andadura, a que vivan el Camino sobre todo interiormente, dejándose interpelar por la llamada que el Señor hace a cada uno de ellos. Así podrán decir con gozo y firmeza en el Pórtico de la Gloria:  "Creo". Les ruego también que en su oración cadenciosa no olviden a los que no pudieron acompañarles, a sus familias y amigos, a los enfermos y necesitados, a los emigrantes, a los frágiles en la fe y al Pueblo de Dios con sus Pastores.
5. Agradezco cordialmente a la Archidiócesis de Santiago, así como a las Autoridades y otros colaboradores, sus esfuerzos en la preparación de este Jubileo Compostelano, como también a los voluntarios y a cuantos están dispuestos a contribuir a su buen desarrollo. Confío los frutos espirituales y pastorales de este Año Santo a nuestra Madre del cielo, la Virgen Peregrina, y al Apóstol Santiago, el "amigo del Señor", a la vez que imparto a todos con afecto la Bendición Apostólica.
Vaticano, 19 de diciembre de 2009 firmapap.jpg
Ecco una nostra traduzione italiana del messaggio del Papa.

A monsignor Julián Barrio Barrio
arcivescovo di Santiago de Compostela

1. In occasione dell'apertura della Porta Santa, che dà inizio al Giubileo Compostelano 2010, faccio giungere un cordiale saluto a lei, Eccellenza, e ai partecipanti a questa significativa cerimonia, come pure ai pastori e ai fedeli di questa Chiesa particolare, che, per il suo vincolo immemorabile con l'Apostolo Giacomo, affonda le sue radici nel Vangelo di Cristo, offrendo questo tesoro spirituale ai suoi figli e ai pellegrini provenienti dalla Galizia, da altre parti della Spagna, dall'Europa e dagli angoli più remoti del mondo.
Con questo atto solenne, si apre un tempo speciale di grazia e di perdono, della "grande perdonanza" come dice la tradizione. Un'opportunità particolare affinché i credenti riflettano sulla loro genuina vocazione alla santità di vita, s'impregnino della Parola di Dio, che illumina e interpella, e riconoscano Cristo, che va loro incontro, li accompagna nelle vicissitudini del loro camminare per il mondo e si dona a loro personalmente, soprattutto nell'Eucaristia. Ma anche quanti non hanno fede, o forse l'hanno lasciata sfiorire, avranno un'occasione particolare per ricevere il dono di "Colui che illumina ogni uomo, affinché abbia finalmente la vita" (Lumen gentium, n. 16).
2. Santiago de Compostela si distingue da tempi lontani per essere meta eminente di pellegrini, i cui passi hanno segnato un Cammino che porta il nome dell'Apostolo, al cui sepolcro si recano persone provenienti specialmente dalle più diverse regioni d'Europa per rinnovare e rafforzare la loro fede. Un Cammino disseminato di tante dimostrazioni di fervore, penitenza, ospitalità, arte e cultura, che ci parla eloquentemente delle radici spirituali del Vecchio Continente.
Il motto di questo Anno Giubilare Compostelano, "Pellegrinando verso la luce", come pure la lettera pastorale per l'occasione "Pellegrini della fede e testimoni di Cristo risorto", continuano fedelmente questa tradizione e la ripropongono come una chiamata evangelizzatrice agli uomini e alle donne di oggi, ricordando il carattere essenzialmente peregrino della Chiesa e dell'essere cristiani in questo mondo (cfr Lumen gentium, n. 6). Nel cammino si contemplano nuovi orizzonti che fanno riflettere sulla ristrettezza della propria esistenza e sull'immensità che l'essere umano ha dentro e fuori di sé, preparandolo ad andare in cerca di ciò a cui realmente il suo cuore anela. Aperto alla sorpresa e alla trascendenza, il pellegrino si lascia istruire dalla Parola di Dio, e in tal modo purifica la propria fede da adesioni e timori infondati. Così fece il Signore risorto con i discepoli che, storditi e sconfortati, si stavano recando a Emmaus. Quando alla parola si aggiunse il gesto di frazionare il pane, ai discepoli "si aprirono gli occhi" (cfr Lc 24, 31) e riconobbero colui che credevano immerso nella morte. Allora incontrano personalmente Cristo, che vive per sempre e fa parte della loro vita. In quel momento, il loro primo e più ardente desiderio è annunciare e testimoniare agli altri quanto accaduto (cfr Lc 24, 35).
Chiedo ferventemente al Signore di accompagnare i pellegrini, di farsi conoscere e di entrare nei loro cuori, "affinché abbiano la vita e l'abbiano in abbondanza" (Gv 10, 10). Questa è la vera meta, la grazia, che il mero percorso materiale del Cammino non può far raggiungere da solo, e che porta il pellegrino a divenire un testimone dinanzi agli altri del fatto che Cristo vive ed è la nostra speranza eterna di salvezza. In questa Arcidiocesi, insieme a molte altre organizzazioni ecclesiali, sono state avviate molteplici iniziative pastorali per contribuire a raggiungere questo fine essenziale del pellegrinaggio a Santiago de Compostela, di carattere spirituale, sebbene in certi casi si tenda a ignorarlo o a snaturarlo.
3. In questo Anno Santo, in sintonia con l'Anno Sacerdotale, un ruolo decisivo spetta ai presbiteri, il cui spirito di accoglienza e di dedizione ai fedeli e ai pellegrini deve essere particolarmente generoso. A loro volta pellegrini, sono chiamati a servire i propri fratelli offrendo loro la vita di Dio, come uomini della Parola divina e del sacro (cfr Al ritiro sacerdotale internazionale ad Ars, 28 settembre 2009). Incoraggio, pertanto, i sacerdoti di questa Arcidiocesi, come pure quanti si uniscono ad essi durante questo Giubileo e a quelli delle diocesi per le quali passa il Cammino, a prodigarsi nell'amministrazione dei sacramenti della Penitenza e dell'Eucaristia, poiché gli aspetti più ricercati, più preziosi e caratteristici dell'Anno Santo sono il Perdono e l'incontro con Cristo vivo.
4. In questa circostanza, esprimo la mia speciale vicinanza ai pellegrini che giungono e continueranno a giungere a Santiago. Li invito a fare incetta delle suggestive esperienze di fede, di carità e di fraternità che incontreranno nel loro percorso, a vivere il Cammino soprattutto interiormente, lasciandosi interpellare dalla chiamata che il Signore fa a ognuno di essi. Così potranno dire con gioia e fermezza nel Portico della Gloria:  "Credo". Chiedo loro anche di non dimenticare nella loro preghiera cadenzata quanti non hanno potuto accompagnarli, le loro famiglie e amici, i malati e i bisognosi, gli emigranti, le persone fragili nella fede e il Popolo di Dio con i suoi Pastori.
5. Ringrazio cordialmente l'Arcidiocesi di Santiago, come pure le autorità e gli altri collaboratori, per gli sforzi compiuti nella preparazione di questo Giubileo Compostelano, e anche i volontari e quanti sono disposti a contribuire al suo buon svolgimento. Affido i frutti spirituali e pastorali di questo Anno Santo alla nostra Madre del cielo, la Vergine Pellegrina, e all'Apostolo Giacomo, l'"amico del Signore", e allo stesso tempo imparto a tutti con affetto la Benedizione Apostolica.

Dal Vaticano, 19 dicembre 2009

BENEDETTO XVI



(©L'Osservatore Romano - 1 gennaio 2010)