Rassegna stampa formazione e catechesi

Omelia del Prefetto della Congregazione delle Cause dei Santi nel corso della Messa di Beatificazione di Padre Tullio Maruzzo, O.F.M., e di Luis Obdulio Arroyo Navarro

santi martiri corruzionePubblichiamo di seguito l’omelia che l’Em.mo Card. Giovanni Angelo Becciu, Prefetto della Congregazione delle Cause dei Santi, ha pronunciato oggi a Morales, nel Vicariato Apostolico di Izabal, in Guatemala, nel corso della Santa Messa di Beatificazione del missionario Padre Tullio Maruzzo, O.F.M., e del laico Luis Obdulio Arroyo Navarro, assassinati il 1° luglio 1981 e riconosciuti come martiri:

Omelia del Cardinale Giovanni Angelo Becciu

Queridos hermanos y hermanas,

Ha resonado en nuestra asamblea la palabra consoladora de Jesús: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, bienaventurados los que trabajan por la paz, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia» (Mt 5, 3.9.10). Estas promesas de felicidad se han cumplido plenamente en los mártires padre Tullio Maruzzo y Luis Obdulio Arroyo Navarro.

¡Es por eso que hoy los honramos con el título de Beatos y que toda la Iglesia en Guatemala está de fiesta! Uno era un sacerdote y religioso franciscano, de los frailes menores, y el otro un fiel laico catequista. Sin embargo, compartían rasgos esenciales de espiritualidad: el estilo de vida simple y alegre, propio de quien es pobre en el espíritu; el ardiente celo por el Evangelio, que sustenta a los que trabajan por la paz; el atento cuidado de los pobres y la valiente defensa de los últimos, que distinguen a los hombres de buena voluntad. Son rasgos que constituyen para nosotros un mensaje todavía actual.

Los nuevos Beatos alcanzaron la meta de su vocación cristiana atravesando la gran tribulación del mundo. Ahora los reconocemos partícipes de la eterna liturgia del cielo, descrita en la segunda lectura, formada por una multitud «de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos» (cf. Ap 7,9).

El beato Tullio Maruzzo es un regalo de Dios a vuestra tierra, es el pastor bueno que el Padre envió a cuidar de su rebaño, hasta dar su vida. Había dejado su pueblo natal, Lapio di Arcugnano, en Italia, para ser un testigo del Evangelio entre vosotros.

De carácter amable, al tiempo que decidido, encontró la inspiración y la fuerza para su acción pastoral en una intensa vida interior. Así lo afirma un testigo: "¿Dónde encontró tanta energía, el padre Tullio, él que parecía tan frágil? Rezaba, meditaba... Era suficiente estar con él algún día para darse cuenta de que era un hombre de un fuerte dinamismo apostólico, porque vivía de la fe que predicaba». No solo eso, sino que también obtenía fuerzas del convivir con los hermanos, con los que siempre fue positivo; sabía encontrar en cada uno de ellos la "pepita de oro", es decir, lo bueno. Decía: «¿Cuánto cuesta exaltar el bien que hace un hermano? ¡Nada! Pero el hermano se sentirá contento y feliz porque alguien aprecia y valora su trabajo». Él, como buen misionero, celoso y valiente, se había desplazado a lugares desconocidos e inaccesibles en el Vicariato Apostólico de Izabal para dar a conocer la Palabra de Dios. No dejó nada sin promover: la formación de los catequistas, el cuidado de las comunidades de base, el amor por los pobres y por los enfermos. En resumen, el típico misionero que se deja guiar por la imaginación creativa del Espíritu para desarrollar una acción pastoral eficaz y generosa.

El Beato Luis Obdulio Arroyo Navarro fue el fiel compañero que el Señor colocó junto al Padre Tullio en la hora del martirio. ¡Es el fruto maduro de vuestra Iglesia de Izabal, que recogéis en el año en que celebráis solemnemente el cincuenta aniversario de la erección del Vicariato! ¡Es el primer beato mártir nativo de Guatemala! También este Beato se nos presenta en su condición de hombre humilde y servicial. Los testigos lo recuerdan como un hombre que, sin hacer ruido, sabía encontrar la respuesta concreta a los problemas de la comunidad, poniendo a disposición su tiempo y sus capacidades. Siempre estaba disponible para transportar al hospital con su automóvil a un herido o a una mujer parturienta, incluso de noche; se ofrecía para realizar pequeñas reparaciones eléctricas y de mecánica; pero su especialidad era hacer de chofer de los padres franciscanos y de las religiosas cuando tenían que desplazarse a las aldeas más apartadas de Quiriguá.

En su camino espiritual, Luis Obdulio optó por formar parte de la comunidad cristiana de una manera cada vez más comprometida incorporándose a la Tercera Orden Franciscana y al movimiento de Cursillos de Cristiandad. De este modo se preparó para lo que sería el don total de sí mismo, en el martirio. Junto a esta dimensión de servicio profundamente evangélica, lo que singularmente caracteriza al nuevo Beato es la virtud cristiana de la fortaleza. Conocemos con precisión cuál fue su estado de ánimo y su decisión íntima cuando las oscuras nubes se cernían sobre la comunidad cristiana. Un testigo afirma: «Sabía que el padre (Tulio) corría peligro pero no mostró miedo. Cuando la familia lo advertía y le pedía que ya no saliera con el padre, él decía: “Prefiero morir a lado del padre Tulio y no a lado de un borracho en una cantina o en un bar”».

Son conocidas las circunstancias del martirio del padre Tullio y de Luis Obdulio. La muerte les fue violentamente infligida por los asesinos debido al odio a Cristo y al Evangelio. El padre Tullio fue sensible al sufrimiento de los campesinos pobres, quienes, por el abuso de unos pocos grandes terratenientes, se veían día tras día desposeídos de la tierra que con esfuerzo iban ganando para el cultivo. En consecuencia, optó por aliviar la pobreza creciente, consolar a los desalentados y, sobre todo, iluminar las conciencias para reafirmar con claridad los derechos de la justicia según la enseñanza de Jesús. Su acción pastoral asumió el valor de una denuncia profética y valiente de los abusos de los poderosos locales, por lo que su obra social fue considerada subversiva; pero él continuó desarrollando su actividad apostólica sin temer por su vida. El doloroso epílogo tuvo lugar la tarde del 1 de julio de 1981, cuando al final de una intensa jornada de trabajo apostólico, mientras regresaba a la parroquia con el fiel Luis Obdulio, el automóvil en el que viajaban fue detenido, obligándoles a descender, siendo acribillados mortalmente y abandonados en el margen de la carretera.

¿Cuál es el mensaje que nos dejan los Beatos Tullio Maruzzo y Luis Obdulio Arroyo Navarro? En primer lugar, en este mes de octubre dedicado a las misiones, brota espontáneamente un recuerdo agradecido y sincero a todos los misioneros y misioneras que, al igual que el Padre Maruzzo, han abandonado su tierra natal y han entregado sus vidas para anunciar el Evangelio de Jesús. En segundo lugar, en el martirio de nuestros dos hermanos, se confirma la profecía de Tertuliano: ¡la sangre de los mártires es semilla de una nueva vida! Ya desde poco tiempo después de la muerte del Padre Tullio y de Luis Obdulio, los fieles de Quiriguá, de Los Amates, de Morales, constataban los frutos: el despertar cristiano de la comunidad, la perseverancia en las pruebas, la unidad y la mejor organización de los grupos parroquiales; nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas.

Esta obra de renovación de la Iglesia, que fue impulsada por el testimonio de los dos nuevos Beatos, es necesaria y urgente también en nuestros días. Estáis llamados a custodiar los buenos frutos madurados en la sangre de estos mártires: ¡su herencia espiritual os pertenece sobre todo a vosotros!

La Beatificación de hoy constituye para la comunidad cristiana de Izabal y de toda Guatemala un singular momento de gracia del cual puede nacer una conversión más auténtica. En este momento de vuestra historia, estáis comprometidos, bajo la guía de vuestros obispos, en la realización de una profunda renovación espiritual de vuestras parroquias, deseada por vuestros prelados. Recordad que no hay cambio de estructuras sin la conversión de los corazones y que una parroquia no es una verdadera parroquia si no se convierte en un lugar de encuentro fraterno entre todos sus miembros. Debe ser "la casa y la escuela de la comunión" (cfr. Novo millennio ineunte, nn. 43-47), donde cada uno pueda experimentar de modo concreto el amor recíproco y ser signo visible del Reino que ya está entre nosotros.

Nunca perdáis de vista el ideal por el cual el Beato padre Tullio y el Beato Luis Obdulio han dado su vida: mostrar el rostro de una Iglesia signo de esperanza y rica del amor de Dios que abraza a todos, pero sobre todo a los descartados y a los oprimidos.

Invoquemos su intercesión, de modo que su martirio promueva en todos el coraje del testimonio cristiano, la coherencia de la vida y la entrega sin límites a los demás.

Repitamos juntos: ¡Beato padre Tullio y Beato Luis Obdulio, rogad por nosotros!

Traduzione in lingua italiana

Cari fratelli e sorelle,

è risuonata nella nostra assemblea la consolante parola di Gesù: «Beati i poveri in spirito, beati gli operatori di pace, beati i perseguitati per la giustizia» (Mt 5, 3.9.10). Queste promesse di beatitudine si sono pienamente realizzate nei martiri padre Tullio Maruzzo e Luis Obdulio Arroyo Navarro.

Per questo oggi li onoriamo con il titolo di Beati e tutta la Chiesa in Guatemala è in festa! Uno era sacerdote e religioso francescano, dei frati minori, e l’altro fedele laico catechista, eppure li accomunava essenziali tratti di spiritualità: lo stile di vita semplice e lieto, proprio di chi è povero in spirito; l’ardente zelo per il Vangelo, che sostiene gli operatori di pace; la premurosa cura dei poveri e la coraggiosa difesa degli ultimi, che contraddistinguono gli uomini di buona volontà. Erano tratti che costituiscono per noi un messaggio ancora attuale.

I nuovi Beati conseguirono la meta della loro vocazione cristiana non senza attraversare la grande tribolazione del mondo. Ora li riconosciamo partecipi dell’eterna liturgia del cielo, descritta nella seconda lettura, formata da una moltitudine «di ogni nazione, tribù, popolo e lingua… che in piedi davanti al trono e davanti all'Agnello, avvolti in vesti candide, tengono rami di palma nelle loro mani» (cfr Ap 7,9).

Il beato Tullio Maruzzo è un dono di Dio alla vostra terra, è il pastore buono che il Padre ha inviato per aver cura del suo gregge, fino a dare la vita. Egli aveva lasciato il suo borgo natio, Lapio di Arcugnano, in Italia, per essere testimone del Vangelo in mezzo a voi.

Carattere amabile, ma anche deciso, trovò ispirazione e forza per la sua azione pastorale in una intensa vita interiore. Così asserisce un testimone: «Dove trovava tanta energia Padre Tullio che sembrava così fragile? Pregava, meditava… Bastava stare assieme qualche giorno per accorgersi che era uomo di un forte dinamismo apostolico, perché viveva della fede che predicava». Non solo, ma egli traeva forza anche dal vivere insieme con i confratelli verso i quali era sempre positivo, egli sapeva trovare in ognuno di essi la “pagliuzza d’oro”, cioè il bene. Diceva: «Quanto costa esaltare il bene che fa un confratello? Niente! Però il confratello si sentirà contento e felice perché qualcuno apprezza e stima il suo lavoro». Egli da buon missionario, zelante e coraggioso, si era inoltrato in luoghi sconosciuti e impervi nel Vicariato Apostolico di Izabal per far conoscere la parola di Dio. Non lasciò niente di intentato: la formazione dei catechisti, la cura delle comunità di base, l’amore ai poveri e agli ammalati. Insomma il tipico missionario che si lascia guidare dalla fantasia creativa dello Spirito per svolgere un’azione pastorale efficace e generosa.

Il Beato Luis Obdulio Arroyo Navarro fu il fedele compagno che il Signore pose accanto a padre Tullio nell’ora del martirio. È il frutto maturo della vostra Chiesa di Izabal, che voi raccogliete nell’anno in cui celebrate solennemente il 50° anniversario di erezione del Vicariato! È il primo Beato martire nativo di Guatemala! Anche questo Beato si presenta a noi nella sua veste di uomo mite e servizievole. I testimoni lo ricordano come un uomo che, senza far chiasso, sapeva trovare la soluzione concreta ai problemi della comunità mettendo a disposizione il suo tempo e le sue capacità. Era sempre disponibile per trasportare un ferito o una donna partoriente all’ospedale con la sua auto, anche di notte; si prestava a fare piccole riparazioni di elettricità e di meccanica; ma la sua specialità era fare da autista ai padri francescani e alle suore quando dovevano raggiungere i villaggi più interni di Quiriguá.

Nel suo cammino spirituale Luis Obdulio scelse di far parte della comunità cristiana in maniera sempre più coinvolgente aderendo al Terz’Ordine Francescano e al movimento Cursillos de Cristianidad. In tal modo si preparò a quello che sarebbe stato il dono totale di sé, nel martirio. Accanto a questa dimensione di servizio, profondamente evangelica, ciò che caratterizza maggiormente il nuovo beato è la virtù cristiana della fortezza. Si conosce esattamente quali erano il suo stato d’animo e la sua intima decisione nel momento in cui oscure nubi si addensavano sulla comunità cristiana. Un testimone racconta: «Sabía que el padre (Tulio) corría peligro pero no mostró miedo. Cuando la familia lo advertía y le pedía que ya no saliera con el padre, el decía: “Prefiero morir a lado del padre Tulio y no a lado de un borracho en una cantina o en un bar”».

Sono note le circostanze del martirio di padre Tullio e Luis Obdulio. La morte fu loro inferta violentemente dagli assassini a motivo dell’odio verso Cristo e il Vangelo. Padre Tullio era sensibile alla sofferenza dei poveri contadini, che per l’angheria di pochi latifondisti si vedevano di giorno in giorno espropriati della terra che con fatica andavano bonificando. Scelse dunque di soccorrere la povertà dilagante, consolare gli sfiduciati e soprattutto illuminare le coscienze per riaffermare con chiarezza i diritti della giustizia secondo l’insegnamento di Gesù. La sua azione pastorale assunse il valore di una denuncia profetica e coraggiosa dei soprusi dei potenti locali, cosicché la sua opera sociale fu giudicata sovversiva; ma egli continuò a svolgere la sua attività apostolica senza temere per la sua vita. Il doloroso epilogo si ebbe la sera del 1° luglio 1981 quando al termine di una giornata densa di lavoro apostolico, mentre rientrava in parrocchia con il fedele Luis Obdulio, l’auto in cui viaggiavano fu fermata, furono fatti scendere, furono colpiti a morte e abbandonati sul ciglio della strada.

Qual è dunque il messaggio che ci lasciano i Beati Tullio Maruzzo e Luis Obdulio Arroyo Navarro? In primo luogo, viene spontaneo, in questo mese di ottobre dedicato alle missioni, rivolgere un pensiero grato e commosso a tutti i missionari e le missionarie che sull’esempio del Padre Maruzzo hanno lasciato la propria patria e offerto la vita per annunciare il Vangelo di Gesù. In secondo luogo, nel martirio dei due nostri fratelli trova conferma la profezia di Tertulliano: il sangue dei martiri è seme di nuova vita! Già poco tempo dopo la morte del Padre Tullio e di Luis Obdulio i fedeli di Quiriguá, di Los Amates, di Morales, ne scorgevano i frutti: il risveglio cristiano della comunità, la perseveranza nelle prove, l’unità e la migliore organizzazione dei gruppi parrocchiali; nuove vocazioni sacerdotali e religiose.

Questa opera di rinnovamento della Chiesa, che ebbe impulso dalla testimonianza dei due nuovi Beati, è necessaria ed urgente anche ai nostri giorni. Siete chiamati a custodire i frutti di bene maturati nel sangue di questi martiri: la loro eredità spirituale appartiene soprattutto a voi!

L’odierna Beatificazione costituisce per la comunità cristiana di Izabal e di tutto il Guatemala un singolare momento di grazia da cui può nascere una più autentica conversione. In questo momento della vostra storia siete impegnati, sotto la guida dei vostri Vescovi, a realizzare un profondo rinnovamento spirituale delle vostre parrocchie, voluto dai vostri Vescovi. Ricordatevi che non vi è cambiamento di strutture senza la conversione dei cuori e una parrocchia non è vera parrocchia se non diviene luogo di incontro fraterno fra tutti i suoi membri. Essa deve essere «casa e scuola della comunione» (cfr. Novo millennio ineunte, nn. 43-47), ove ognuno può fare esperienza concreta dell’amore reciproco ed essere segno visibile del Regno che è già tra noi.

Non perdete mai di vista l’ideale per il quale hanno dato la propria vita il Beato padre Tullio e il Beato Luis Obdulio: mostrare il volto di una Chiesa segno di speranza e ricca dell’amore di Dio che abbraccia tutti, ma soprattutto gli scartati e gli oppressi.

Invochiamo la loro intercessione, affinché il loro martirio favorisca in tutti il coraggio della testimonianza cristiana, la coerenza della vita e la donazione senza limiti verso gli altri.

Ripetiamo insieme: Beato padre Tullio e Beato Luis Obdulio pregate per noi!

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 27 ottobre 2018


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