Videomessaggio del Santo Padre Francesco in occasione dell’Incontro virtuale organizzato dalla Fondazione Scholas Occurrentes

Papa Francesco ScholasRiportiamo di seguito il testo del Videomessaggio che il Santo Padre Francesco ha inviato a conclusione dell’incontro virtuale con giovani, genitori ed insegnanti di tutto il mondo organizzato dalla Fondazione Scholas Occurrentes, nella ricorrenza della Giornata Mondiale dell’Ambiente:

Videomessaggio del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas de Scholas:

Hoy, luego de todos estos años compartiendo la pregunta que nos funda, es una gran alegría poder llamarlos “comunidad”: Comunidad de amigos, comunidad de hermanos, hermanas.

Aún recuerdo el origen: dos enseñantes, dos profesores, en medio de una crisis, con un poco de locura y un poco de intuición. Una cosa no planeada, vivida a medida que iba caminando.

Cuando la crisis en aquel entonces dejaba una tierra de violencia, aquella educación reunió a los jóvenes generando sentido y, por lo tanto, generando belleza.

Tres imágenes de este camino me vienen al corazón, que fueron tres imágenes que guiaron tres años de reflexión y de encuentro: el loco de “La strada” de Fellini, “El llamado de Mateo” de Caravaggio y “El idiota” de Dostoevskij.

El Sentido —el loco—, el Llamado —Mateo— y la Belleza.

Las tres historias son la historia de una crisis. Y en las tres, por lo tanto, se pone en juego la responsabilidad humana. Crisis significa originalmente “ruptura”, “tajo”, “apertura”, “peligro”, pero también “oportunidad”.

Cuando las raíces necesitan espacio para seguir creciendo la maceta acaba por romperse.

Es que la vida es más grande que nuestra propia vida y, por eso, se parte. ¡Pero esa es la vida! Crece, se rompe.

¡Pobre de la humanidad sin crisis! Toda perfecta, toda ordenadita, toda almidonadita. Pobre. Sería, pensémosla, una humanidad así sería una humanidad enferma, muy enferma. Gracias a Dios que no se da. Sería una humanidad dormida.

Por otra parte, así como la crisis nos funda por llamarnos al abierto, el peligro sucede cuando no nos enseñan a relacionarnos con aquella apertura. Por eso las crisis si no son bien acompañadas son peligrosas, porque uno se puede desorientar. Y el consejo de los sabios, hasta para las pequeñas crisis personales, matrimoniales, sociales: “nunca te adentres sólo en la crisis, andá acompañado”.

Allí, en la crisis, nos invade el miedo, nos cerramos como individuos, o comenzamos a repetir lo que a muy pocos les conviene, vaciándonos de sentido, tapando el propio llamado, perdiendo la belleza. Esto es lo que pasa cuando uno atraviesa una crisis solo, sin reservas. Esta belleza que, como decía Dostoevskij, salvará al mundo.

Scholas nació de una crisis, pero no alzó los puños para pelearse con la cultura, y tampoco bajó los brazos para resignarse, ni salió llorando: ¡Qué calamidad, qué tiempos terribles! Salió a escuchar el corazón de los jóvenes, a cultivar la realidad nueva. “¿Esto no está funcionando? Vamos a buscar allí”.

Scholas se asoma a través de las fisuras del mundo —no con la cabeza— con todo el cuerpo, para ver si desde lo abierto regresa otra respuesta.

Y eso es educar. La educación escucha, o no educa. Si no escucha, no educa. La educación crea cultura, o no educa. La educación nos enseña a celebrar, o no educa.

Alguno me puede decir. “Pero cómo, ¿educar no es saber cosas?”. No. Eso es saber. Pero educar es escuchar, crear cultura, celebrar.

Y de este modo fue creciendo Scholas.

Ni siquiera estos dos locos —los padres fundadores, les podemos decir riéndonos— imaginaban que aquella experiencia educativa en la diócesis de Buenos Aires, luego de veinte años crecería como una nueva cultura, “poéticamente habitando esta tierra”, como nos enseñaba Hölderlin. Escuchando, creando y celebrando la vida. Esa nueva cultura poéticamente habitando esta tierra.

Armonizando el lenguaje del pensamiento con los sentimientos y las acciones. Es lo que ustedes me escucharon varias veces: lenguaje de la cabeza, del corazón y de las manos, sincronizados. Cabeza, corazón y manos creciendo armónicamente.

Yo vi en Scholas profesores y alumnos japoneses bailando con colombianos. ¡Es imposible! Yo lo vi. Vi a los jóvenes de Israel jugando con los de Palestina. Lo vi. A los estudiantes de Haití pensando con los de Dubái. A los niños de Mozambique pintando con los de Portugal... Vi, entre Oriente y Occidente, un olivo creando cultura del encuentro.

Por eso, en esta nueva crisis que hoy enfrenta la humanidad, donde la cultura demostró haber perdido su vitalidad, quiero celebrar que Scholas, como una comunidad que educa, como una intuición que crece, abra las puertas de la Universidad del Sentido. Porque educar es buscar el sentido de las cosas. Es enseñar a buscar el sentido de las cosas.

Reuniendo el sueño de los niños y los jóvenes con la experiencia de los adultos y los viejos. Ese encuentro tiene que darse siempre sino no hay humanidad, porque no hay raíces, no hay historia, no hay promesa, no hay crecimiento, no hay sueños, no hay profecía.

Alumnos de todas las realidades, lenguas y creencias, porque nadie queda afuera cuando aquello que se enseña, no es una cosa, sino la Vida. La misma vida que nos origina y originará siempre otros mundos. Mundos diferentes, únicos, como lo somos también nosotros. En nuestros más profundos dolores, alegrías, deseos y nostalgias. Mundos de Gratuidad, de Sentido y de Belleza. “El idiota”, la “llamada” de Caravaggio y el loco de “La strada”.

Nunca se olviden de estas últimas tres palabras, gratuidad, sentido y belleza. ¡Pueden parecer inútiles!, sobre todo hoy en día. ¿Quién se pone a hacer una empresa buscando gratuidad, sentido y belleza? No produce, no produce. Y sin embargo, de esta cosa que parece inútil depende la humanidad entera, el futuro.

Sigan adelante, tomen esa mística que fue regalada, que no la inventó nadie; y los primeros en sorprenderse fueron estos dos locos que la fundaron. Y por eso la entregan, la dan, porque no es de ellos. Es algo que les vino como regalo. Sigan adelante sembrando y cosechando, con la sonrisa, con el riesgo, pero todos juntos y siempre de la mano para superar cualquier crisis.

Que Dios los bendiga. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Muchas gracias.

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html 5 giugno 2020


 

«Gratuità, senso e bellezza»: sono le tre parole chiave indicate da Papa Francesco alle migliaia di giovani di 170 Paesi del mondo che, insieme a genitori e docenti, hanno partecipato all’incontro on line svoltosi venerdì 5 giugno, in occasione della Giornata mondiale dell’ambiente.

Cari fratelli e sorelle di Scholas, Oggi, dopo tutti questi anni in cui abbiamo condiviso la domanda che ci anima, è una grande gioia potervi chiamare “comunità”. Comunità di amici, comunità di fratelli, di sorelle. Ricordo ancora gli inizi: due insegnati, due professori, in mezzo a una crisi, con un po’ di follia e un p o’ d’intuizione. Una cosa non programmata, vissuta man mano che andava avanti. Mentre la crisi a quei tempi lasciava una terra di violenza, quell’educazione ha riunito i giovani generando senso e, pertanto, generando bellezza. Tre immagini di questo cammino mi vengono al mio cuore, tre immagini che hanno guidato tre anni di riflessione e d’incontro: il matto di «La Strada» di Fellini, «La vocazione di San Matteo» di Caravaggio e «L’idiota» di Dostoevskij. Il Senso — il matto —, la Vocazione — Matteo — e la Bellezza. Le tre storie sono la storia di una crisi. E in tutte e tre, quindi, si mette in gioco la responsabilità umana. Crisi significa originariamente “ro t tura”, “taglio” “ap ertura”... “p ericolo”, ma anche “opp ortunità”. Quando le radici hanno bisogno di spazio per continuare a crescere, il vaso finisce col rompersi. Il fatto è che la vita è più grande della nostra propria vita e perciò si spacca. Ma così è la vita! Cresce, si romp e. Povera umanità senza crisi! Tutta perfetta, tutta ordinata, tutta inamidata. Poveretta. Pensiamoci, un’umanità così sarebbe un’umanità malata, molto malata. Grazie a Dio questo non avviene. Sarebbe un’umanità addormentata. D’altro canto, dato che la crisi ci anima chiamandoci all’aperto, il pericolo si presenta quando non ci insegnano a relazionarci con quella apertura. Perciò le crisi, senza un buon accompagnamento, sono pericolose, perché ci si può disorientare. E il consiglio dei saggi, anche per le piccole crisi personali, matrimoniali, sociali, è: “non addentrarti mai da solo nella crisi, vai accompagnato”. Lì, nella crisi, c’invade la paura, ci chiudiamo come individui, o cominciamo a ripetere ciò che conviene a ben pochi, svuotandoci di senso, nascondendo la propria chiamata, perdendo la bellezza. Questo è ciò che succede quando si attraversa una crisi da soli, senza riserve. Questa bellezza che, come diceva Dostoevskij, salverà il mondo. Scholas è nata da una crisi, ma non ha alzato i pugni per litigare con la cultura, e non ha neppure abbassato le braccia per rassegnarsi, né è uscita piangendo: che disgrazia, che tempi terribili! È uscita ascoltando il cuore dei giovani, a coltivare la nuova realtà: “Questo non sta funzionando? Andiamo a cercare lì”. Scholas si affaccia attraverso le fessure del mondo — non con la testa — con tutto il corpo, per vedere se dall’aperto ritorna un’altra risposta. E questo è educare. L’educazione ascolta, o non educa. Se non ascolta, non educa. L’educazione crea cultura, o non educa. L’educazione ci insegna a celebrare o non educa. Qualcuno mi potrebbe dire: “Ma come, educare non è sapere cose?” No. Questo è sapere. Ma educare è ascoltare, creare cultura, celebrare. In questo modo è cresciuta Scholas. Neppure quei due matti — i padri fondatori, possiamo dirlo loro ridendo — immaginavano che quell’esperienza educativa nella diocesi di Buenos Aires, dopo vent’anni sarebbe cresciuta come una nuova cultura, “abitando poeticamente questa terra”, come ci insegnava Hölderlin. Ascoltando, creando e celebrando la vita. Questa nuova cultura, abitando poeticamente questa terra. Armonizzando il linguaggio del pensiero con i sentimenti e le azioni. È quello che voi mi avete sentito dire varie volte: linguaggio della testa, del cuore e delle mani, sincronizzati. Testa, cuore e mani che crescono armoniosamente. Ho visto in Scholas professori e studenti giapponesi ballare con colombiani. È impossibile? L’ho visto. E i giovani israeliani giocare con quelli palestinesi. L’ho visto. E studenti di Haiti pensare con quelli di Dubai. E bambini del Mozambico disegnare con quelli del Portogallo... Ho visto, tra Oriente e Occidente, un olivo che creava la Cultura dell’I n c o n t ro . Perciò, in questa nuova crisi che oggi l’umanità sta affrontando, dove la cultura ha dimostrato di aver perso la sua vitalità, voglio celebrare il fatto che Scholas, come una comunità che educa, come un’intuizione che cresce, apra le porte dell’Università del Senso. Perché educare è ricercare il senso delle cose. È insegnare a ricercare il senso delle cose. Unendo il sogno dei bambini e dei giovani con l’esperienza degli adulti e degli anziani. Questo incontro deve avvenire sempre altrimenti non c’è umanità, perché non ci sono radici, non c’è storia, non c’è promessa, non c’è crescita, non c’è profezia. Studenti di tutte le realtà, lingue e credenze, perché nessuno resta fuori quando ciò che s’insegna non è una cosa, ma la Vita. La stessa vita che ci genera e che genererà sempre altri mondi. Mondi diversi, unici, come lo siamo anche noi. Nelle nostre più profonde sofferenze, gioie, desideri e nostalgie. Mondi di Gratuità, di Senso e di Bellezza. «L’Idiota», la «vocazione» di Caravaggio, e il matto di «La Strada». Non dimenticatevi mai di queste ultime tre parole: gratuità, senso e bellezza. Possono sembrarvi inutili, soprattutto oggigiorno. Chi si mette a fare una società cercando gratuità, senso e bellezza? Non produce, non produce. Eppure da questa cosa che sembra inutile dipende l’umanità intera, il futuro. Andate avanti, prendete questa mistica che è stata donata, che non ha inventato nessuno; e i primi a sorprendersi sono stati quei due matti che l’hanno fondata. E per questo la offrono, la danno, perché non è loro. È qualcosa che è arrivato loro come un dono. Andate avanti seminando e raccogliendo, con il sorriso, con il rischio, ma tutti insieme e sempre tenendovi per mano per superare qualsiasi crisi. Che Dio vi benedica e per favore, non dimenticatevi di pregare per me. Grazie.

© Osservatore Romano - 7 giugno 2020


Venerdì della XIV settimana delle ferie del Tempo Ordinario

SS. Rufina e Seconda, martiri di Roma  († sec. III)

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