Udienza ai partecipanti all’Incontro promosso dall’“Instituto para el Dialogo Interreligioso de la Argentina”

Arcobaleno speranza miniQuesta mattina, nel Palazzo Apostolico vaticano, il Santo Padre Francesco ha ricevuto in Udienza i partecipanti all’Incontro promosso dall’“Instituto para el Dialogo Interreligioso de la Argentina” (IDI).

Pubblichiamo di seguito il discorso che il Papa ha rivolto ai presenti nel corso dell’Udienza:

Discorso del Santo Padre

Señoras y señores:

Me alegra darles la bienvenida a todos ustedes, que participan en el encuentro que se ha centrado sobre el documento: «Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común», firmado en Abu Dhabi el 4 de febrero pasado.

Agradezco a todos los organizadores de este encuentro, promovido por Su Excelencia elseñor Rogelio Pfirter, Embajador de la República Argentina ante la Santa Sede, con el auspicio del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y en colaboración con el Instituto del Diálogo Interreligioso de Buenos Aires.

Me complace constatar que este Documento, de carácter universal, se esté difundiendo también en las Américas. Estoy convencido de que la particularidad y la sensibilidad de países y continentes diferentes puedan contribuir verdaderamente a una lectura detallada de este Documento y a una mayor y eficaz comprensión del mensaje que transmite.

Como había dicho durante la Conferencia Mundial de la Fraternidad Humana: «No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no habrá futuro. Las religiones, de modo especial, no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas». Ha llegado el momento en que «las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión, la esperanza y los itinerarios concretos de paz» (4 febrero 2019). Nuestras tradiciones religiosas son una fuente necesaria de inspiración para fomentar una cultura del encuentro. Es fundamental la cooperación interreligiosa, basada en la promoción de un diálogo sincero, respetuoso, que va hacia la unidad sin confundir, manteniendo las identidades. Pero una unidad que trasciende el mero pacto político. Una vez, a propósito de este Documento, al inicio de febrero pasado, un hombre muy sabio, un político europeo muy sabio, me dijo: “esto trasciende la metodología del pacto para mantener el equilibrio y la paz, que es muy buena, pero estos documentos van más allá”. Y me dijo este ejemplo: “pensemos en el fin de la segunda guerra mundial, pensemos en Yalta; en Yalta se hizo un equilibrio para salir del impasse, un equilibrio débil pero posible. Se repartieron la torta, y se mantuvo un periodo de paz, pero estos documentos, esta actitud que va al diálogo entre lo trascendente, crea fraternidad, supera los pactos, supera lo político; es política en cuanto que es humano, pero la supera, la trasciende, la hace más noble”. Este es el camino. Y mientras tanto, sí, a nivel político hacer lo que se puede, porque también es importante.

El mundo nos observa a nosotros, los creyentes, para comprobar cuál es nuestra actitud ante la casa común y ante los derechos humanos; además nos pide que colaboremos entre nosotros y con los hombres y mujeres de buena voluntad, que no profesan ninguna religión, para que demos respuestas efectivas a tantas plagas de nuestro mundo, como la guerra, el hambre, la miseria que aflige a millones de personas, la crisis ambiental, la violencia, la corrupción y el degrado moral, la crisis de la familia, de la economía y, sobre todo, la falta de esperanza.

La intención del Documento es adoptar: la cultura del diálogo como vía; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio. De ahora en adelante se puede afirmar que las religiones no son un sistema cerrado que no se puede cambiar, sino que con su propia identidad. Y esto es clave: la identidad no se negocia, porque si vos negociás la identidad ya no hay diálogo, hay sometimiento. Con su propia identidad están en camino.

La fraternidad es una realidad humana compleja, a la cual se debe prestar atención y tratarla con delicadeza. Cuando Dios nos pregunta: «¿Dónde está tu hermano?», la primera pregunta sobre la fraternidad que está en la Biblia «¿Dónde está tu hermano?», nadie podrá responder: No sé, no soy el custodio de mi hermano (cf. Gn 4,9). Entonces surgen distintas preguntas: ¿Cómo cuidarnos recíprocamente en la única familia humana de la que todos somos hermanos? ¿Cómo alimentar una fraternidad para que no sea teórica, para que se traduzca en fraternidad? ¿Cómo podemos hacer prevalecer la inclusión del otro sobre la exclusión en nombre de la propia pertenencia? ¿Qué podemos hacer para que las religiones sean canales de fraternidad en lugar de barreras de división? Un poquito de historia nos tiene que espantar: las guerras religiosas, las cristianas, pensemos en la de los 30 años, solamente pensemos en la noche de San Bartolomé. El que no siente espanto adentro que se pregunte por qué.

Es importante demostrar que los creyentes somos un factor de paz para las sociedades humanas y así responderemos a quienes injustamente acusan a las religiones de fomentar odio y ser causa de violencia. En el mundo precario de hoy, el diálogo entre las religiones no es un signo de debilidad. Este encuentra su propia razón de ser en el diálogo de Dios con la humanidad. Se trata de cambiar actitudes históricas. Me viene como símbolo una escena de la Chanson de Roland, cuando los cristianos vencen a los musulmanes y los ponen todos en fila delante de la pila bautismal, y uno con una espada. Y los musulmanes tenían que elegir entre el bautismo o la espada. Eso hicimos los cristianos. Era una mentalidad que hoy no podemos aceptar, ni comprender, ni puede funcionar más. Cuidemos los grupos integristas, cada uno tiene lo suyo. En Argentina hay algún rinconcito integrista por ahí. Y tratemos con la fraternidad ir adelante. El integrismo es una peste y todas las religiones tienen algún primo hermano integrista ahí, que se agrupa.

Espero que este Mensaje de Fraternidad sea recibido por la comunidad internacional, para el bien de toda la familia humana, que debe pasar de la simple tolerancia a la verdadera convivencia y coexistencia pacífica. Sigan trabajando.

Y, por favor, no se olviden de rezar por mí, que lo necesito. Gracias.

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html 18 novembre 2019




Signore e signori,
Sono lieto di dare il benvenuto a tutti voi che partecipate all’incontro incentrato sul documento “Fraternità umana per la pace mondiale e la convivenza comune” firmato ad Abu Dhabi il 4 febbraio scorso. Ringrazio tutti gli organizzatori di questo incontro, promosso da Sua Eccellenza il signor Rogelio Pfirter, Ambasciatore della Repubblica Argentina presso la Santa Sede, sotto l’egida del Pontificio Consiglio per il Dialogo Interreligioso, e in collaborazione con l’Instituto de Diálogo Interreligioso di Buenos Aires. Sono felice di constatare che tale Documento, di carattere universale, si sta diffondendo anche nelle Americhe. Sono convinto che la particolarità e la sensibilità di paesi e continenti diversi possano contribuire veramente a una lettura dettagliata di questo Documento e a una maggiore ed efficace comprensione del messaggio che trasmette. Come ho detto durante la Conferenza Mondiale della Fraternità Umana: «Non c’è alternativa: o costruiremo insieme l’avvenire o non ci sarà futuro. Le religioni, in particolare, non possono rinunciare al compito urgente di costruire ponti fra i popoli e le culture». È giunto il tempo in cui «le religioni si spendano più attivamente, con coraggio e audacia, senza infingimenti, per aiutare la famiglia umana a maturare la capacità di riconciliazione, la visione di speranza e gli itinerari concreti di pace» (4 febbraio 2019). Le nostre tradizioni religiose sono una fonte necessaria d’ispirazione per promuovere una cultura dell’incontro. È fondamentale la cooperazione interreligiosa, basata sulla promozione di un dialogo sincero e rispettoso, che va verso l’unità senza confondere, mantenendo le identità. Ma un’unità che trascende il mero patto politico. Una volta, a proposito di questo Documento, all’inizio dello scorso febbraio, un uomo molto saggio, un politico europeo molto saggio, mi ha detto: «questo trascende la metodologia del patto per mantenere l’equilibrio e la pace, che è molto buona, ma questi documenti vanno oltre». E mi ha fatto questo esempio: «pensiamo alla fine della seconda guerra mondiale, pensiamo a Yalta; a Yalta si creò un equilibrio per uscire dall’impasse, un equilibrio debole ma possibile. Si divisero la torta e si mantenne un periodo di pace, ma questi documenti, questo atteggiamento che va al dialogo dentro il trascendente, crea fraternità, supera i patti, supera l’ambito politico; è politica in quanto è umano, ma la supera, la trascende, la rende più nobile». Questo è il cammino. E nel frattempo, sì, a livello politico fare quel che si può, perché anche questo è imp ortante. Il mondo osserva noi credenti per appurare qual è il nostro atteggiamento dinanzi alla casa comune e dinanzi ai diritti umani; ci chiede inoltre di collaborare tra noi e con gli uomini e le donne di buona volontà, che non professano alcuna religione, affinché diamo risposte effettive a tante piaghe del nostro mondo, come la guerra, la fame, la miseria che affligge milioni di persone, la crisi ambientale, la violenza, la corruzione e il degrado morale, la crisi della famiglia, dell’economia e, soprattutto, la mancanza di speranza. Il proposito del Documento è adottare: la cultura del dialogo come via; la collaborazione comune come condotta; la conoscenza reciproca come metodo e criterio. Da adesso in poi si può affermare che le religioni non sono un sistema chiuso che non si può cambiare, ma con la loro propria identità. E questo è fondamentale: l’identità non si negozia, perché se tu negozi l’identità non c’è più dialogo, c’è assoggettamento. Con la loro propria identità sono in cammino. La fraternità è una realtà umana complessa, alla quale si deve prestare attenzione e che va trattata con delicatezza. Quando Dio ci chiede: “dov’è tuo fratello?”, la prima domanda sulla fraternità che c’è nella Bibbia è “D ov’è tuo fratello?”, nessuno potrà rispondere: non lo so, non sono il guardiano di mio fratello (cfr. Gn 4, 9). Allora nascono varie domande: “Come prenderci cura l’uno dell’altro nell’unica famiglia umana della quale siamo tutti fratelli? Come alimentare una fraternità affinché non sia teorica e affinché si traduca in fraternità? Come possiamo far prevalere l’inclusione dell’altro sull’esclusione in nome della propria appartenenza? Che cosa possiamo fare perché le religioni siano canali di fraternità anziché barriere di divisione? Un po’ di storia ci deve spaventare: le guerre religiose, quelle cristiane, pensiamo alla guerra dei Tre n t ’anni, pensiamo soltanto alla notte di San Bartolomeo. Chi non prova orrore dentro, che si chieda il p erché. È importante dimostrare che noi credenti siamo un fattore di pace per le società umane e così risponderemo a quanti accusano ingiustamente le religioni di fomentare odio ed essere causa di violenza. Nel mondo precario di oggi, il dialogo tra le religioni non è un segno di debolezza. Esso trova la sua propria ragion d’essere nel dialogo di Dio con l’umanità. Si tratta di cambiare atteggiamenti storici. Mi viene in mente come simbolo una scena della Chanson de Roland , quando i cristiani sconfiggono i musulmani e li mettono tutti in fila, davanti al fonte battesimale, e c’è uno con la spada. E i musulmani dovevano scegliere tra il battesimo o la spada. Questo abbiamo fatto noi cristiani. Era una mentalità che oggi non possiamo accettare né capire, e che non può funzionare più. Facciamo attenzione ai gruppi integralisti, ognuno ha il suo. In Argentina c’è qualche angoletto integralista in giro. E cerchiamo con la fraternità di andare avanti. L’integralismo è una peste e tutte le religioni hanno qualche cugino integralista, che si aggrega. Spero che questo Messaggio di Fraternità sia accolto dalla comunità internazionale, per il bene di tutta la famiglia umana, che deve passare dalla semplice tolleranza alla vera convivenza e coesistenza pacifica. Continuate a lavorare. E, per favore, non vi dimenticate di pregare per me, ne ho bisogno. Grazie.

© Osservatore Romano - 18-19 novembre 2019


Martedì della XIX settimana delle ferie del Tempo Ordinario

S. Chiara d'Assisi, vergine e fondatrice (1194-1253)

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