Papa Francesco incontra i Chierici regolari Poveri della Madre di Dio delle ScuoleAlle ore 12.10 di ieri, nella Sala del Concistoro del Palazzo Apostolico, il Santo Padre Francesco ha ricevuto in Udienza i Chierici regolari Poveri della Madre di Dio delle Scuole Pie (Scolopi).

Pubblichiamo di seguito il discorso che il Papa ha rivolto ai presenti nel corso dell’incontro:

Discorso del Santo Padre

Buenos días, y muchas gracias, Padre General, por sus palabras.

Ustedes se imaginarán que después de haberles mandado este documento no voy a echar un discurso… Así que le pregunté al Padre en qué hablaba, si en castellano o en italiano, y me dijo: “Casi todos entienden castellano”.

Gracias por venir así, gracias por traer la familia... – las Montales, que las tenía atrás, en el Colegio El Salvador, y las conozco bien –…la familia. Eso es lindo, una congregación religiosa tiene una familia que rodea, gente que trabaja, laicos, todos... La familia es un signo de fecundidad y humanidad. Gracias por venir así.

Tres cosas, tres palabras yo les ponía en el mensaje que las retomo ahora para decir dos o tres palabras y saludarlos. Educar, anunciar y transformar. Me detengo en la primera: educar. Educar en este momento es muy serio. Es un desafío grande, porque el pacto educativo en general está roto. El pacto educativo —ahora, yo estoy muy influenciado de mi Patria, pero veo que en todos lados se ve más o menos lo mismo—: escuela, familia y los jóvenes, está roto. Entonces, hay que reconstruir ese pacto educativo de la manera que haya que reconstruirlo, pero es clave en eso. Y educar reconstruyendo el pacto educativo, lo cual incluye la familia, necesariamente, hoy día en la educación no puede estar ausente la familia, la familia como venga. Pero realmente hay familias destruidas, familias que… bueno, pero en el chico se puede recomponer muchas cosas, muchas cosas. Entonces tratar de rehabilitar el pacto educativo, y tratar que los docentes —en muchos países son los más mal pagados, en muchos países— en ese trabajo, también ayudar al reconocimiento del docente que da su vida. Hay docentes que tienen que trabajar dos turnos para poder tener un sueldo digno. Ese docente cómo, cuando llegue a su casa, va a tener tiempo de preparar clases, de pensar, y todo eso. El diálogo entre la familia y el docente, la familia, la escuela y el chico, ese diálogo triple. Además el chico que sea activo en la educación. Bueno, eso es para reconstruir el pacto educativo y es una misión muy seria que tienen que tener ustedes en esto: rehacerlo.

Segundo: una educación completa. Salir de la herencia que nos dejó la Ilustración, que educar es llenar la cabeza de conceptos, ¿no es cierto?, y cuanto más se sepa acá [indica la cabeza], mejor es la educación. Educar es hacer madurar a la persona mediante los tres lenguajes: el lenguaje de las ideas, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos, y que haya armonía entre los tres, es decir, que nuestros alumnos sientan lo que piensen y hagan lo que piensan y sienten. Esa armonía de la persona, educar a la persona. Yo creo que si no educamos así, perdemos. Algunos pedagogos lo expresan de otra manera pero van a lo mismo: educar en contenidos, hábitos y valores, es lo mismo, una educación de ese tipo. Y yo añadiría que —y es clave hoy en día— la juventud hay que educarla en movimiento. La juventud quieta, hoy, no existe, y si no la ponemos nosotros en movimiento, la van a poner en movimiento mil cosas, principalmente los sistemas digitales que corren el riesgo, en esta velocidad líquida y gaseosa de nuestra civilización –y es el tercer punto que quiero tocar– de quitar las raíces a los chicos.

Los chicos hoy día vienen sin raíces, no tienen raíces, porque no tienen tiempo de echar raíces, perdón, las tienen pero no las asumen, porque no tienen tiempo de asumirlas, no las dejan crecer, no las dejan consolidar, porque viven continuamente en esta “liquidez” de cultura, ¿no es cierto?. Fundamentar las raíces. Jóvenes sin raíces es lo que estamos viendo ahora. Y qué hacemos? Injertos de raíces. Yo siempre veo que es muy importante, me viene mucho a la mente y sobre todo inspirado —y lo digo con sencillez, rezando y todo— en el profeta Joel cuando dice: “Los viejos soñarán y los jóvenes profetizarán”. Hoy los jóvenes necesitan hablar con los viejos: es la única manera que reencuentren sus raíces. Hablar con los padres, sí, eso es fundamental, pero sobre todo, hoy, la necesidad es que encuentren a los viejos, ya los padres son medio de esta sociedad líquida; que encuentren a los viejos. Por favor, traten de fomentar el diálogo entre abuelos y nietos. “No, que los chicos…”. No. Experiencias yo he tenido montones y otros que me lo cuentan: Pónganlos en movimiento a los chicos. Dile: “¿Qué te parece? Vamos a tocar la guitarra en aquel asilo de ancianos”. Bueno, que sí, que no…van, y después no quieren salir, porque se da ese fenómeno que los viejos dicen: “No, ¿esta canción, la sabes…?”. Y empiezan a hablar, y los chicos quedan encantados y los viejos empiezan a despertar y se dan cuenta que pueden soñar todavía. Por favor, yo les doy esta misión: procuren fomentar —mientras hay tiempo, antes que se nos vayan— el diálogo entre jóvenes y viejos. Busquen las mil maneras, mil maneras de hacerlo, pero siempre en movimiento, porque los jóvenes quietos no funcionan. Este es otro criterio que hay que tener en cuenta en la educación y en todo: los jóvenes quietos están en las enciclopedias; en la realidad, si vos querés que un joven reciba algo tuyo, tenés que tenerlo en movimiento.

Bueno, entonces en esto de educar así se da el anunciar y el transformar, pero me quedo en el educar con las cosas que les dije. Por eso me quedé sentado, porque no leía un discurso; quería ser más espontáneo.

Muchas gracias y ahora los invito a rezar un Ave María a la Virgen, y también a pedir la protección de San Faustino. Me causó gracia cómo le pidió el milagro el papá del chico recién nacido, el chileno: “¡Hacé algo, Peladito!”.

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html 11 novembre 2017


Buongiorno, e grazie,
Padre Generale, per le Sue parole. Avrete immaginato che, dopo aver ricevuto da me questo documento [ Messaggio in occasione dell’Anno Giubilare Calasanziano , 27 novembre 2016], non avrei fatto un discorso. Così ho chiesto al Padre in che lingua potevo parlare, se in spagnolo o in italiano, e lui mi ha detto: “Quasi tutti capiscono lo spagnolo”. Grazie per essere venuti così, grazie per aver portato la famiglia... — le Montales, che stavano dietro al Collegio El Salvador, le conosco bene —; la famiglia. Questo è bello, una congregazione religiosa ha una famiglia che la circonda, gente che lavora, laici, tutti... La famiglia è un segno di fecondità e di umanità. Grazie per essere venuti così. Tre cose, tre parole ho scritto nel messaggio e ora le riprendo per commentarle e salutarvi. Educare, annunciare e trasformare . Mi soffermo sulla prima: e d u c a re . Educare in questo momento è una cosa molto seria. È una grande sfida p erché il patto educativo in generale si è rotto. Il patto educativo — io sono molto influenzato dalla mia patria, ma vedo che dappertutto succede più o meno lo stesso — il patto tra scuola, famiglia e giovani si è rotto. Allora bisogna ricostruire questo patto educativo, come si può ricostruire, ma è fondamentale. Ed educare ricostruendo il patto educativo, il che coinvolge necessariamente la famiglia; oggi nell’educazione la famiglia, comunque essa sia, non può essere assente. È vero che ci sono famiglie distrutte, ma nei ragazzi si possono ricomporre molte cose. Bisogna allora cercare di riabilitare il patto educativo, e contribuire al riconoscimento degli insegnanti, che danno la vita e che in molti paesi sono quelli peggio pagati. Ci sono insegnanti che devono fare il doppio turno per poter avere uno stipendio dignitoso. Quegli insegnanti, quando arrivano a casa, come fanno a trovare il tempo per preparare le lezioni, per pensare... Il dialogo tra la famiglia e i docenti, tra la famiglia, la scuola e i ragazzi, questo triplice dialogo. E poi, che il ragazzo sia attivo nell’educazione. Dunque, tutto questo per ricostruire il patto educativo. E questa è una missione molto seria che dovete avere: ricostruirlo. Secondo: un’educazione completa . Uscire dall’eredità che ci ha lasciato l’Illuminismo, ossia che educare significa riempire la testa di concetti, non è così?, e quanto più si sa qui [indica la testa], migliore è l’educazione. Educare è far maturare la persona mediante i tre linguaggi: il linguaggio delle idee, il linguaggio del cuore e il linguaggio delle mani. Ci deve essere armonia tra loro, ossia, i nostri studenti devono sentire quello che pensano e fare quello che pensano e sentono. L’armonia della persona, educare la persona. Credo che se non educhiamo così, è inutile. Alcuni pedagogisti lo esprimono in altri termini, ma è la stessa cosa: educare nei contenuti, nelle abitudini e nei valori, è lo stesso, è la stessa educazione. E io aggiungerei — il che è fondamentale oggi — che la gioventù va educata in movimento : la gioventù statica, oggi, non esiste, e se non la mettiamo in movimento noi, la metteranno in movimento mille cose, soprattutto i sistemi digitali, che rischiano, in questa “velocità liquida e gassosa” della nostra civiltà — ed è il terzo punto che voglio toccare — di togliere le radici ai ragazzi. I ragazzi oggi crescono senza radici ; non hanno radici perché non hanno tempo di mettere radici; o meglio, le hanno ma non le fanno proprie, perché non hanno tempo di farle proprie, non le lasciano crescere, non le lasciano consolidare, perché vivono continuamente in questa “liquidità” di cultura, non è così? Occorre rafforzare le radici. Giovani senza radici è ciò che vediamo ora. E allora che facciamo? Innesti di radici. Io vedo sempre che è molto importate, e mi torna spesso in mente, e soprattutto in modo ispirato — lo dico con semplicità — mentre prego, la parola del profeta Gioele quando dice: “I vecchi sogneranno e i giovani profetizzeranno”. Oggi i giovani hanno bisogno di parlare con gli anziani, è l’unico modo che hanno per ritrovare le proprie radici. Parlare con i genitori sì, è fondamentale, ma soprattutto oggi è necessario che incontrino gli anziani, perché i genitori sono già parte di questa società liquida; che incontrino gli anziani! Per favore, cercate di promuovere il dialogo tra nonni e nipoti. Non dite: “No, ma i ragazzi...”. No. Esperienze ne ho fatte tante e me lo hanno detto anche altri: mettete i giovani in movimento. Dite loro: “Che ne dite? Andiamo a suonare la chitarra in quella casa di riposo?”. Dicono “sì”, “no”... e ci vanno, e poi non vogliono più andar via, perché succede che gli anziani dicono: “La conosci questa canzone?”, e cominciano a parlare e i ragazzi restano incantati, e gli anziani iniziano a risvegliarsi e si rendono conto che possono ancora sognare. Per favore, vi affido questa missione: cercate di promuovere — finché c’è tempo, prima che se ne vadano — il dialogo tra i giovani e gli anziani. Cercate le mille maniere, i mille modi per farlo... ma sempre in movimento, perché i giovani statici non funzionano. Questo è un altro criterio di cui occorre tener conto nell’educazione e in tutto: i giovani statici stanno nelle enciclopedie; nella realtà, se volete che i giovani ricevano qualcosa di vostro, dovete tenerli in movimento. Bene. Se si educa così, allora si può annunciare e trasformare, ma mi limito all’educare, con le cose che vi ho detto. Per questo sono rimasto seduto, perché non ho letto un discorso, volevo essere più spontaneo. Grazie, e ora vi invito a recitare un’Ave Maria alla Vergine; e anche a chiedere la protezione di San Faustino. Mi è piaciuto il modo in cui gli ha chiesto il miracolo il padre del bambino appena nato, quello cileno: “Fa i qualcosa, Pelatino!”.

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 12 novembre 2017

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