#ViaggioApostolico in Thailandia e Giappone Cerimonia di benvenuto, Incontro con il Primo Ministro e Incontro con le Autorità

thailandia PapaQuesta mattina, alle 8.45 locali (2.45 ora di Roma), il Santo Padre Francesco ha lasciato la Nunziatura Apostolica e si è trasferito in auto alla Governmental House di Bangkok per la Cerimonia di benvenuto in Thailandia.

Al Suo arrivo, il Papa è stato accolto all’ingresso del cortile dal Primo Ministro della Thailandia, il Generale Prayuth Chan-ocha, e insieme si sono recati sul podio. Quindi, dopo aver attraversato la Guardia d’Onore, dopo l’esecuzione degli inni e la presentazione delle rispettive Delegazioni, il Santo Padre e il Primo Ministro si sono recati verso l’ingresso della Inner Ivory Room per l’incontro privato.

Dopo la foto ufficiale, nell’anticamera della Inner Ivory Room hanno avuto luogo la firma del Libro d’Onore, lo scambio dei doni e la presentazione della Consorte del Primo Ministro. Quindi il Papa e il Generale Prayuth Chan-ocha si sono ritirati per l’incontro privato.

Al termine dell’incontro, il Santo Padre e il Primo Ministro si sono trasferiti nella Sala Inner Santi Maitri per l’incontro con le Autorità politiche e religiose, i rappresentanti della Società Civile e i Membri del Corpo Diplomatico della Thailandia.

Alle ore 9.30 locali (3.30 ora di Roma), il Santo Padre Francesco ha incontrato le Autorità politiche e religiose, i rappresentanti della Società Civile e i Membri del Corpo Diplomatico della Thailandia nella Sala Inner Santi Maitri della Governmental House di Bangkok.

Dopo l’indirizzo di saluto del Primo Ministro della Thailandia, il Generale Prayuth Chan-ocha, il Papa ha pronunciato il Suo discorso.

Al termine dell’incontro il Santo Padre si è congedato dal Primo Ministro e si è trasferito in auto al Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram Temple per la Visita al Patriarca Supremo dei Buddisti, Somdej Phra Maha Muneewong.

Pubblichiamo di seguito il discorso che il Papa ha pronunciato nel corso dell’incontro con le Autorità politiche e religiose, i rappresentanti della Società Civile e i Membri del Corpo Diplomatico:

Discorso del Santo Padre

Señor Primer Ministro,
Miembros del Gobierno y del Cuerpo Diplomático,
Distinguidos líderes políticos, civiles y religiosos,
Señoras y señores:

Agradezco la oportunidad de estar entre ustedes y poder visitar esta tierra rica de tantas maravillas naturales, y espléndidamente custodia de tradiciones espirituales y culturales ancestrales, como la de la hospitalidad, que hoy vivo en primera persona y de la cual quisiera hacerme cargo para propagar y acrecentar lazos de mayor amistad entre los pueblos.

Muchas gracias, señor Primer Ministro, por su acogida y por las palabras de bienvenida y por su gesto de humildad responsable. Gracias porque. Esta tarde tendré la oportunidad de realizar una visita de cortesía a Su Majestad el Rey Rama X y a la familia real. Reitero mi agradecimiento a Su Majestad por su amable invitación a visitar Tailandia y renuevo mis mejores deseos por su reinado, acompañándolos con un sincero homenaje a la memoria de su difunto padre.

Me complace poder saludarlos y encontrarme con ustedes, líderes del gobierno, religiosos y de la sociedad civil en los que saludo especialmente a todo el pueblo tailandés. Mis respetos también al Cuerpo Diplomático. En esta ocasión, no puedo dejar de manifestar mis mejores augurios después de las recientes elecciones, que han significado un retorno al normal proceso democrático.

Gracias a todos los que han trabajado para la realización de esta visita.

Sabemos que hoy los problemas que nuestro mundo enfrenta son, de hecho, problemas globales; abarcan a toda la familia humana y exigen desarrollar un firme compromiso con la justicia internacional y la solidaridad entre los pueblos. Creo relevante subrayar que, en estos días, Tailandia terminará la presidencia de la ASEAN, signo de su compromiso histórico con los problemas más amplios que enfrentan los pueblos de toda la región del sudeste asiático y también de su continuo interés en favorecer la cooperación política, económica y cultural en la región.

Como nación multicultural y caracterizada por la diversidad, Tailandia reconoce, desde hace tiempo, la importancia de construir la armonía y la coexistencia pacífica entre sus numerosos grupos étnicos, mostrando respeto y aprecio por las diferentes culturas, grupos religiosos, pensamientos e ideas. La época actual está marcada por la globalización, considerada con demasiada frecuencia en términos estrictamente económicos-financieros y proclive a cancelar las notas esenciales que configuran y gestan la belleza y el alma de nuestros pueblos; en cambio, la experiencia concreta de una unidad que respete y albergue las diferencias sirve de inspiración y estímulo a todos aquellos que se preocupan por el tipo de mundo que deseamos legar a las generaciones futuras.

Celebro la iniciativa de crear una “Comisión Ético-Social”, en la que invitaron a participar a las religiones tradicionales del país, a fin de recibir sus aportes y mantener viva la memoria espiritual de vuestro pueblo. En este sentido, tendré la oportunidad de encontrarme con el Supremo Patriarca Budista, como signo de la importancia y la urgencia de promover la amistad y el diálogo interreligioso, y como servicio además a la armonía social en la construcción de sociedades justas, sensibles e incluyentes. Quiero comprometer personalmente todos los esfuerzos de la pequeña pero viva comunidad católica, para mantener y promover esas características tan especiales de los Thai, presentes en vuestro himno nacional: pacíficos y cariñosos, pero no cobardes; y con el propósito firme de enfrentar todo aquello que ignore el grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que anhelan ser liberados del yugo de la pobreza, la violencia y la injusticia. Esta tierra tiene como nombre “libertad”. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad. Es necesario entonces trabajar para que las personas y las comunidades puedan tener acceso a la educación, a un trabajo digno, a la asistencia sanitaria, y de este modo alcanzar los mínimos indispensables de sustentabilidad que posibiliten un desarrollo humano integral.

A este respecto, quiero detenerme brevemente en los movimientos de migración, que son uno de los signos característicos de nuestro tiempo. No tanto por la movilidad en sí, sino por las condiciones en que esta se desarrolla, lo que representa uno de los principales problemas morales que enfrenta nuestra generación. La crisis migratoria mundial no puede ser ignorada. La propia Tailandia, conocida por la acogida que ha brindado a los migrantes y refugiados, ha enfrentado esta crisis debido a la trágica fuga de refugiados de países vecinos. Hago votos, una vez más, para que la comunidad internacional actúe con responsabilidad y previsión, pueda resolver los problemas que llevan a este éxodo trágico, y promueva una migración segura, ordenada y regulada. Ojalá que cada nación elabore mecanismos efectivos a fin de proteger la dignidad y los derechos de los migrantes y refugiados que enfrentan peligros, incertidumbres y explotación en la búsqueda de libertad y una vida digna para sus familias. No se trata sólo de migrantes, se trata también del rostro que queremos plasmar en nuestras sociedades.

Y, en este sentido, pienso en todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso. Manifiesto mi reconocimiento al gobierno tailandés por sus esfuerzos para extirpar este flagelo, así como a todas aquellas personas y organizaciones que trabajan incansablemente para erradicar este mal y ofrecer un camino de dignidad. Este año, en el que se celebra el trigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, se nos invita a reflexionar y a trabajar con decisión, constancia y celeridad en la necesidad de proteger el bienestar de nuestros niños, su desarrollo social e intelectual, el acceso a la educación, así como su crecimiento físico, psicológico y espiritual (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático, 7 enero 2019). El futuro de nuestros pueblos está unido, en gran medida, al modo como le garanticemos a nuestros niños un futuro en dignidad.

Señoras y señores: Hoy más que nunca nuestras sociedades necesitan “artesanos de la hospitalidad”, hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo integral de todos los pueblos dentro de una familia humana que se comprometa a vivir en la justicia, la solidaridad y la armonía fraterna. Ustedes, cada uno desde su lugar, dedican sus vidas a ayudar para que el servicio al bien común pueda alcanzar todos los rincones de esta nación; esta es una de las tareas más excelsas de una persona. Con estos sentimientos y deseando que puedan llevar adelante la misión encomendada invoco la abundancia de las bendiciones divinas sobre esta nación, sobre sus líderes y sus habitantes. Y pido al Señor que guíe a cada uno de ustedes y a sus familias por los caminos de la sabiduría, la justicia y de la paz. Muchas gracias.

[01846-ES.02] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Signor Primo Ministro,
Membri del Governo e del Corpo Diplomatico,
Distinti responsabili politici, civili e religiosi,
Signore e Signori!

Sono grato per l’opportunità di essere tra voi e di poter visitare questa terra, ricca di tante meraviglie naturali, ma e splendidamente specialmente custode di tradizioni spirituali e culturali ancestrali come quella dell’ospitalità, che oggi sperimento in prima persona e della quale desidererei farmi carico per propagare e accrescere legami di più grande amicizia tra i popoli.

Molte grazie, Signor Primo Ministro, della sua accoglienza, e per le sue parole di benvenuto che mi ha rivolto e del suo gesto di umiltà responsabile. Grazie, perché questo pomeriggio avrò la possibilità di compiere una visita di cortesia a Sua Maestà il Re Rama X e alla famiglia reale. Rinnovo il mio ringraziamento a Sua Maestà per il suo gentile invito a visitare la Tailandia, come pure i miei migliori auspici per il suo regno accompagnandoli con un sincero omaggio alla memoria del suo defunto padre.

Sono lieto di potervi di avere l’opportunità di salutare e di incontrarmi con voi, autorità governative, religiose e della società civile, nelle cui persone rivolgo il mio saluto specialmente a tutto il popolo tailandese. I miei ossequi anche al Corpo Diplomatico. In questa occasione non posso mancare di manifestare i miei migliori auguri dopo le recenti elezioni, che hanno rappresentato un ritorno al normale processo democratico.

Grazie a tutti coloro che hanno lavorato per la realizzazione di questa visita.

Sappiamo che oggi i problemi che il nostro mondo affronta sono, di fatto, problemi globali; coinvolgono tutta la famiglia umana ed esigono di sviluppare un deciso sforzo per la giustizia internazionale e la solidarietà tra i popoli. Ritengo rilevante sottolineare che, in questi giorni, la Tailandia concluderà il suo periodo di presidenza dell’ASEAN, espressione del suo impegno storico sui problemi più ampi che riguardano i popoli di tutta l’area del sudest asiatico e anche del suo costante interessamento per favorire la cooperazione politica, economica e culturale nella regione.

Come nazione multiculturale e caratterizzata dalla diversità, la Tailandia riconosce, già da tempo, l’importanza di costruire l’armonia e la coesistenza pacifica tra i suoi numerosi gruppi etnici, mostrando rispetto e apprezzamento per le diverse culture, i gruppi religiosi, le filosofie e le idee. L’epoca attuale è segnata dalla globalizzazione, considerata troppo spesso in termini strettamente economico-finanziari ed incline a cancellare le note essenziali che configurano e generano la bellezza e l’anima dei nostri popoli; invece l’esperienza concreta di un’unità che rispetti e ospiti le differenze serve di ispirazione e di stimolo a tutti coloro che hanno a cuore il mondo così come desideriamo lasciarlo alle generazioni future.

Mi congratulo per l’iniziativa di creare una “Commissione Etico-Sociale”, nella quale avete invitato a partecipare le religioni tradizionali del Paese, al fine di accogliere i loro contributi e di mantenere viva la memoria spirituale del vostro popolo. In questo senso, avrò l’opportunità di incontrarmi con il Supremo Patriarca Buddista, come segno dell’importanza e dell’urgenza di promuovere l’amicizia e il dialogo interreligioso e inoltre come servizio all’armonia sociale e alla costruzione di società giuste, sensibili e inclusive. Desidero assicurare personalmente tutti gli sforzi della piccola ma vivace comunità cattolica, per mantenere e promuovere le caratteristiche tanto peculiari dei Thai, evocate nel vostro inno nazionale: pacifici e affettuosi, ma non codardi; e col fermo proposito di affrontare tutto ciò che ignori il grido di tanti nostri fratelli e sorelle, i quali anelano ad essere liberati dal giogo della povertà, della violenza e dell’ingiustizia. Questa terra ha per nome “libertà”. Sappiamo che questa è possibile solo se siamo capaci di sentirci corresponsabili gli uni degli altri e di superare qualsiasi forma di disuguaglianza. Occorre dunque lavorare perché le persone e le comunità possano avere accesso all’educazione, al lavoro degno, all’assistenza sanitaria, e in tal modo raggiungere i livelli minimi indispensabili di sostenibilità che rendano possibile uno sviluppo umano integrale.

A tale proposito, desidero voglio soffermarmi brevemente sui movimenti migratori, che costituiscono uno dei segni caratteristici del nostro tempo. Non tanto per la mobilità in sé, quanto per le condizioni in cui questa si svolge, fenomeno che rappresenta uno dei principali problemi morali da affrontare per nostra generazione. La crisi migratoria mondiale non può essere ignorata. La stessa Tailandia, nota per l’accoglienza che ha concesso ai migranti e ai rifugiati, si è trovata di fronte a questa crisi dovuta alla tragica fuga di rifugiati dai Paesi vicini. Auspico, ancora una volta, che la comunità internazionale agisca con responsabilità e lungimiranza, possa risolvere i problemi che portano a questo tragico esodo e promuova una migrazione sicura, ordinata e regolata. Possa ogni nazione approntare dispositivi efficaci allo scopo di proteggere la dignità e i diritti dei migranti e dei rifugiati, i quali affrontano pericoli, incertezze e sfruttamento nella ricerca della libertà e di una vita degna per le proprie famiglie. Non si tratta solo di migranti, si tratta anche del volto che vogliamo dare alle nostre società.

E, in questo senso, penso a quelle donne e a quei bambini del nostro tempo che sono particolarmente feriti, violentati ed esposti ad ogni forma di sfruttamento, schiavitù, violenza e abuso. Esprimo la mia riconoscenza al governo tailandese per i suoi sforzi volti ad estirpare questo flagello, come pure a tutte le persone e le organizzazioni che lavorano instancabilmente per sradicare questo male e offrire un percorso di dignità. Quest’anno, in cui si celebra il 30° anniversario della Convenzione sui Diritti dell’Infanzia e dell’Adolescenza, siamo invitati a riflettere e a operare con decisione, costanza e celerità sulla necessità di proteggere il benessere dei nostri bambini, sul loro sviluppo sociale e intellettuale, sull’accesso all’educazione, così come sulla loro crescita fisica, psicologica e spirituale[1]. Il futuro dei nostri popoli è legato, in larga misura, al modo in cui garantiremo ai nostri figli un futuro nella dignità.

Signore e Signori, oggi più che mai le nostre società hanno bisogno di “artigiani dell’ospitalità”, uomini e donne che si prendano cura dello sviluppo integrale di tutti i popoli, in seno a una famiglia umana che si impegni a vivere nella giustizia, nella solidarietà e nell’armonia fraterna. Voi, ognuno dalla propria posizione, dedicate la vita per contribuire a che il servizio al bene comune possa raggiungere tutti gli angoli di questa Nazione: questo è uno dei compiti più nobili di una persona. Con tali sentimenti, e augurandovi che possiate portare avanti la missione affidatavi, invoco l’abbondanza delle benedizioni divine su questa Nazione, sulle sue autorità e i suoi abitanti. E chiedo al Signore che guidi ognuno di voi e le vostre famiglie sui sentieri della sapienza, della giustizia e della pace. Grazie!

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 21 novembre 2019


 

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