Risposte del Santo Padre alle domande del popolo messicano alla vigilia del Viaggio Apostolico in Messico

papa Francesco 12Alla vigilia del viaggio del Santo Padre in Messico, l’agenzia Notimex ha raccolto una serie di brevi domande ed espressioni di attesa del popolo messicano, in 4 clip video che sono state presentate al Papa.

Papa Francesco ha risposto alle sollecitazioni con un video che viene diffuso oggi sul sito di Notimex. Le immagini possono essere richieste anche al Centro Televisivo Vaticano.

Di seguito pubblichiamo la trascrizione delle domande dei messicani e delle risposte date dal Santo Padre:

1. Mensajes de bienvenida

Mary / Puebla: Pues me imagino que él espera una bienvenida que le demos con mucho cariño.

Fernando / San Luis Potosí: Le damos las gracias por venir a México, antes que nada su visita es un gran alivio enviado por Dios hacia los mexicanos, y esperamos que los mexicanos en agradecimiento lo recibamos con los brazos abiertos.

Aarón Fonseca / Ciudad de México: Que nos diera un mensaje de paz a todos los mexicanos, a todos los que somos creyentes y católicos, para que de alguna forma nos toquemos el corazón. Y yo creo que viniendo de una persona como el Papa podríamos poner más en orden nuestros pensamientos y la forma en que llevamos nuestras vidas diarias.

Rubén de la Cruz Martínez / Guanajuato: Felicitarlo por su ministerio petrino que ha tenido un grande acierto en la iglesia universal, felicitarlo por la cuestión de que nos ha invitado a ser una Iglesia pobre y una Iglesia misionera, una Iglesia que salga a las afueras, a los alejados, a ir a buscar a la oveja perdida. Sobre todo felicitarlo porque nos ha invitado a tomar consciencia de lo que debe ser un cristiano viviendo el evangelio auténticamente.

María y Quique / Querétaro: Me parece muy bien que en lugar de perpetuar la diferencia y la discriminación en el mundo, esté tratando de alivianar todas esas brechas que hay entre todos.

Martha Aurora / Guadalajara: Pues refrendar la fe más que nada que tiene uno, yo me considero una persona con mucha fe y se me hace una persona muy humilde, me cae muy bien, su forma de ser, la forma de pensar que tiene y de dirigirse a los jóvenes, porque si se dirige mucho a los jóvenes.

María Teresa / Tlaxcala: Primero le daría la bienvenida aquí a nuestro país. En segundo, le pediría que exhortara a todo nuestro país a vivir en paz.

Sergio “Lennon” / Guanajuato: Y realmente me da mucha alegría que venga el Papa a vernos y que nos venga a traer un poco de felicidad a todos los mexicanos… con todo el respeto que se merece, le vamos a cantar una canción… (Entra canción)

Aarón Fonseca / Ciudad de México:¿Cuál es su sentir al estar en nuestro país y qué mensaje es el que él le daría a nuestro país?, sabiendo nuestra situación actual.

Jorge Armando / Ciudad de México: Su Santidad, ¿A qué viene a México?, ¿Qué nos viene a traer a México?

SANTO PADRE: Sí, algo voy a llevar a México, seguro, pero yo te quisiera decir que lo que más me mueve a mí es: ¿qué voy a buscar a México? Yo voy a México no como un Rey Mago cargado de cosas para llevar, mensajes, ideas, soluciones a problemas, no sé pensemos todas esas cosas. Yo voy a México como un peregrino, voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo. No voy a pasar la canastita, quédense tranquilos, pero voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes, voy a buscar contagiarme de esa riqueza de fe. Tengo ganas de ir a México para vivir esa fe con ustedes. O sea que voy con el corazón abierto para que se llene de todo aquello que ustedes me pueden dar. Ustedes tienen una idiosincrasia, una manera de ser que es fruto de un camino muy largo, de una historia que se fue forjando lentamente, con dolores, con éxitos, con fracasos, con búsquedas, pero hay como un hilo conductor. Ustedes tienen mucha riqueza en el corazón y, sobre todo, ustedes no son un pueblo huérfano porque se glorían de tener Madre, y cuando un hombre, o una mujer, o un pueblo no se olvida de su Madre, te da una riqueza que vos no la podés describir, la recibís, la transmitís. Bueno, yo voy a buscar un poco todo eso en ustedes. Un pueblo que no se olvida de su Madre, esa madre mestiza, esa madre que lo forjó en la esperanza. Conocen ustedes el chiste de aquel mexicano que decía: “Yo soy ateo pero soy guadalupano”. Tenía sentido, de un pueblo que no quiere ser huérfano. Por ahí, quizás está la gran riqueza que yo voy a buscar. Voy como peregrino de ustedes y ¡gracias por recibirme!

2. La Virgen de Guadalupe

Guillermo / Querétaro: No solamente es la patrona de México, yo digo que es la Emperatriz de América.

María Alicia / Puerto de Veracruz: Creo que no solamente los mexicanos creemos en la Virgen, sino parte del mundo.

Natally / Ciudad de México: Siento que el Papa quiere en cierta forma retomar las raíces que era México, que es la Virgen de Guadalupe, que es esa fe católica.

Olga Gil / Guanajuato: Les parezca a las personas, ya sean creyentes o no sean creyentes, es la verdad, es la patrona de México. Es mi patrona, independientemente que yo sea creyente o no sea creyente.

Gabriela / San Luis Potosí: Yo creo que es una figura muy representativa de lo que creemos los mexicanos, de lo que somos, de nuestras raíces.

Ricardo Miguel / Guadalajara: No solo la patrona de México, yo pienso que es Emperatriz de América y de todo el mundo ¿no? Es la misma Virgen María la que está aquí presente en México.

Francisco Pérez / San Luis Potosí: Para nosotros es una bendición que tome en cuenta nuestra Virgen, siendo mexicano, en todo el país donde es conocida nuestra Virgen. Es lo más bonito y hermoso.

María de Jesús Ángel Ávila / Veracruz: Ella nos ha servido de mucho, para los católicos pues es nuestra madre, la que está siempre dándonos nuestra devoción hacia ella, para que ella nos mande bendiciones desde allá, desde donde está, y la verdad sí significa mucho para los mexicanos nuestra Morenita del Tepeyac.

Julián / Ciudad de México: Papa Francisco, ¿Qué es lo que piensa usted de la Virgen de Guadalupe?

Aarón Fonseca / Ciudad de México: A mí me gustaría saber, si la Virgen de Guadalupe para nosotros los mexicanos es tan importante y representa mucha fe y esperanza en todos, ¿qué es lo que representa para él?, y el tener o el estar en la Basílica, ¿qué representa para él nuestra patrona, la Virgen de Guadalupe?

SANTO PADRE: Estuve dos veces en México. Una vez en el año 70’ por una reunión de jesuitas. La segunda vez cuando el Papa San Juan Pablo II firmó y entregó la Exhortación postsinodal Ecclesia in America - que no recuerdo bien qué año era, por el 98’ habrá sido, calculo-. Las dos veces fui a visitarla, a la Señora, a la Madre, a la Madre del Dios por quien se vive. La primera vez, en la vieja Villa. La segunda vez, en la actual Basílica, en el actual templo. ¿Qué siento por ella? Seguridad, ternura. Cuántas veces estoy con miedo de algún problema o que ha sucedido algo feo y uno no sabe como reaccionar, y le rezo, me gusta repetirme a mí mismo: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Son palabras de Ella: “No tengas miedo”. Es lo que más me dice Ella. Otra advocación de la Virgen quizás me inspire otra cosa, pero cada vez que me pongo delante de su imagen y la miro allí, con esos ojos, haciendo esa síntesis cultural de ese Nuevo Mundo que está naciendo, esperando al Niño: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Y no espero tanto el milagro de las flores. Siento eso, que es Madre, que cuida, que protege, que lleva adelante un pueblo, que lleva adelante una familia, que da calor de hogar, que acaricia con ternura y que te quita el miedo: “No tengas miedo Juancito”. Eso es lo que yo siento delante de la imagen. Una de las dos veces que fui, me querían explicar la imagen y preferí que no, quedarme en silencio mirando. Dice mucho, es una imagen “decidora”, la imagen de una Madre que cobija, que cuida, que está metida en su pueblo, con la tez de su pueblo. Eso es lo que siento delante de Ella. Cuando vine a Roma en el 2013, estaba empezando a construir en Buenos Aires la parroquia San Juan Diego, la cual nombré en Buenos Aires, patrona de los floristas. San Juan Diego me dice mucho a mí, en su relación con la Virgen. Hombre bueno, pero se tuvo que meter en todo ese mundo de convencer al obispo, y de esto… y sentir la humillación de que no le creían: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Y él confió. Milagro de las flores, si es posible porque la Madre es la gran flor de México. Lo que pediría es – pero como un favor, a ustedes- que esta vez, que va a ser la tercera que piso suelo mexicano, me dejen un ratito sólo delante de la imagen. Es el favor les pido. ¿Me lo van a hacer?.

3.

Juan / Ciudad de México: Ahora que llegue a México que él primero vea por los inmigrantes que cómo sufren en su travesía para llegar al sueño americano.

Natally / Ciudad de México: Yo siento que en cierta forma tal vez la Iglesia católica pudiera ayudar un poco más a los inmigrantes ¿No? Especialmente en el sufrimiento que están pasando, lo que pasó de los niños. Siento que podría haber cierta ayuda, más ayuda, especialmente siendo que somos católicos, queremos ser caritativos, queremos donarnos, amar al prójimo, pero tristemente hay una cierta barrera.

Oscar / Ciudad de México: Para mí la visita del Papa aquí, pues mucho ¿verdad?, porque la violencia en México, todo lo que está pasando y viene como una luz para aquí para México.

Gabriela / San Luis Potosí: Me gusta mucho que venga, a ver si hay un poco de paz porque ahorita así como estamos viviendo en la actualidad, que ya hasta tiene miedo uno de salir a la calle, mucha delincuencia y todo eso, y a la mejor ya viniendo él nos bendice poquito nuestro México, que es lo que todos queremos.

Grupo de mujeres / Querétaro: Que el Papa nos pueda abrir los ojos a decir no a la violencia, no a la violencia contra la mujer, contra los niños y no a la violencia en general contra todo el mundo.

Hermenegilda / Ciudad de México: Que nos traiga una bendición para que este país esté en paz, no haya tanta delincuencia.

José Ángel Herrera / Basílica de Guadalupe (Ciudad de México): Le pediría yo como mexicano pues que ore por todos los países, que se acabe la violencia.

Carlos Espinoza / Querétaro: Que interviniera por los mexicanos ya que estamos pasando por una situación muy difícil.

José / Ciudad de México: Creo yo que espera tanto como ver los problemas de criminalidad, los problemas de pobreza que tiene México.

Juan Valderrama / Ciudad Juárez: Que nos ayudara aquí a bendecir a Juárez, porque está muy peligroso aquí todo Juárez. Que nos diera paz aquí en Juárez.

José de Jesús / Guadalajara: Le pediría que hiciera todo lo posible porque el mundo tuviera paz y tolerancia.

Elsa Dudant / Ciudad de México: Me gustaría decirle que yo quiero un mundo de paz, un mundo de amistad entre los pueblos y acabar con las guerras en el mundo.

Hermenegilda / Ciudad de México:¿Cómo nos podría ayudar para poder afrontar esta situación que estamos viviendo aquí en la República Mexicana?

Óscar / Ciudad de México: Papa Francisco ¿Cómo nos ayudaría a afrontar esta violencia que está pasando aquí?

SANTO PADRE: Violencia, corrupción, guerra, niños que no pueden ir a la escuela por sus países en guerra, tráfico, fabricantes de armas que venden armas para que las guerras en el mundo puedan seguir…: más o menos éste es el clima que hoy vivimos en el mundo, y ustedes están viviendo su pedacito, su pedacito de “guerra” entre comillas, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado.

Si yo voy ahí, es para recibir lo mejor de ustedes y para rezar con ustedes, para que los problemas de violencia, de corrupción y todo lo que ustedes saben que está sucediendo, se solucione, porque el México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los carteles, no es el México que quiere nuestra Madre, y, por supuesto que yo no quiero tapar nada de eso, al contrario, exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas.

“Que nos traiga un poco de paz” - decía alguno de ustedes. La paz es algo que hay que trabajarla todos los días, es más -yo diría una palabra que parece una contradicción-, ¡la paz hay que pelearla todos los días!, hay que combatir todos los días por la paz, no por la guerra. Sembrar mansedumbre, entendimiento, sembrar paz. San Francisco rezaba: “Señor, hacé de mí un instrumento de tu paz”. Quisiera ser en México un instrumento de paz, pero con todos ustedes. Es obvio que solo no puedo, sería una locura si yo dijera eso, pero con todos ustedes, instrumento de paz. Y ¿cómo se amasa la paz? La paz es un trabajo artesanal, un trabajo de todos los días que se amasa con las manos, desde cómo educo yo a un chico, hasta cómo acaricio a un anciano, son todas semillas de paz. Palabra caricia. La paz nace de la ternura, la paz nace de la comprensión, la paz nace o se hace en el diálogo, no en la ruptura, y ésta es la palabra clave, el dialogo: diálogo entre los dirigentes, diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo. Cuántas veces encontramos en una pelea de barrio la solución que nos parece la mejor. Y no, esa es una pequeña guerra. Aún en el barrio, aún en la familia, buscar y hacer la paz, y eso se hace con el diálogo: estar abierto a hablar con el otro, a escuchar sus razones a dejarse corregir. “Padre, pero con un delincuente uno no puede hacer eso”. Eso es verdad, pero yo puedo dialogar con quien le puede cambiar el corazón a ese delincuente. Tenemos la misma Madre, hablamos hace un rato de Ella. Y decíle: “Mirá, si vos me dijiste que yo no tenga miedo porque sos mi Madre, vos que sos mi Madre arreglá eso”. Si, yo le haría la pregunta a cada uno de ustedes: ¿Yo le pido a la Virgen de Guadalupe, la Madre de México, la Emperatriz de América, le pido la paz, le pido que haga paz, en tal lugar, en tal otro, en tal otro, o sea la oración a la Madre para que ponga paz? No tenerle miedo a escuchar al otro, a ver qué razones tiene. Y, por favor, no entrar en ninguna, en ninguna trenza que por ganar dinero, me esclavice toda la vida en una guerra interior y me quite la libertad, porque la paz da libertad. Yo le voy a pedir a la Virgen, junto con ustedes, que les de esa paz, que la Guadalupana les regale la paz del corazón, de la familia, de la ciudad, y de todo el país.

4. Santo Padre ¿qué espera de nosotros? ¿qué espera de los mexicanos?

Consuelo Toris Beltrán / Ciudad de México: Yo pienso que es una gran bendición que llegue a nuestro país puesto que hay muchas personas que vamos perdiendo la fe y yo creo que es para renovar nuestra fe y que nos una más como familias.

María Luisa Cruz / Oaxaca: Pues será una bendición de Dios, ¿no?, de él que está presentando a todos los mexicanos, que estemos bien. Eso es lo principal. Para nosotros que será bienvenido, si va a venir, lo recibimos con los brazos abiertos.

Rubén de la Cruz Martínez / Guanajuato: Que salgamos de nuestro letargo en la vivencia de la fe, que no sea solamente una fe vivida en el templo sino que sea una fe que se vive en la calle, en el trabajo, en la oficina, en la política, en los medios, ya que tenemos que ser sembradores de los valores evangélicos en estos campos porque no podemos ser cristianos de templo.

Gabriela / San Luis Potosí: Yo creo que él está buscando un acercamiento hacia las personas, está teniendo un contacto más humano, está llegando a eso a lo que llegaba Jesús, a ser una persona humilde, a acercarse a su gente, a los que creemos en él, y yo creo que espera de nosotros como esa empatía, esa emoción y la pasión hacia la religión católica.

José Ranulfo Lobato / Guanajuato: Caray, es una respuesta medio difícil, pero yo considero que son dos cosas las que dice: “Aquí estoy, necesito hacer, ya les consta que he estado tratando de cambiar o modernizar la religión, necesito su ayuda”.

Andrea / Puebla: Pues para mí es maravilloso que él venga porque con eso siento que es una bendición para nosotros los mexicanos.

Olga Gil / Guanajuato: Él sabe que México es la puerta de América Latina, es la puerta para entrar a las personas creyentes del catolicismo y yo creo que él sigue hasta cierto punto los pasos de Juan Pablo II, ojalá los siga en buena manera y no desvíe la atención de asuntos realmente importantes.

Jorge Armando / Ciudad de México: Considero primeramente que hay un factor económico, aunque esto pues viene a beneficiar en mucho el sentimiento de una crisis. Los Papas siempre han venido cuando hay crisis y estamos en una crisis, es un buen momento para que el Papa venga a suavizar un poquito estos momentos álgidos.

María de Lourdes Mejía / Ciudad de México: Bueno, pues me gustaría preguntarle ¿qué es lo que desearía de nosotros y qué espera de nosotros?

SANTO PADRE: Dicen que la sabiduría habla desde el corazón de los ancianos buenos. Y en los deseos expresados José Ranulfo señaló ese deseo de renovación espiritual que podría darse con mi visita. Y Rubén había dicho, antes, que no fuéramos cristianos de “iglesia adentro”, católicos de templo y fuera del templo, cualquier cosa. Que la fe aflore. Esas dos intervenciones me llegaron mucho: que nos ayude a ser católicos de verdad, a expresar y a vivir nuestra fe dentro y fuera del templo. Eso es lo que esperan ustedes. Y yo voy para servir, para eso, para ser un servidor de la fe de ustedes, porque para eso me hice cura, para servir, porque sentí esa vocación, para servir a la fe de ustedes, para servir a la fe del pueblo. Pero esa fe tiene que crecer y salir hacía afuera y meterse en la vida de todos los días, una fe pública. Y la fe se hace fuerte cuando es pública, sobre todo – como en la ultima intervención- en los momentos de crisis: “Los Papas vinieron cuando aquí había crisis”. Debe ser así, yo no lo estudié eso, pero si vos lo decís debe ser así. Que hay una crisis de fe en el mundo, es verdad. Pero también es verdad que hay una gran bendición y un deseo – que lo expresaron ustedes – de que la fe salga hacia afuera, que la fe sea misionera, que la fe no sea enfrascada, como en una lata de conserva. Nuestra fe no es una fe de museo y la Iglesia un museo. Nuestra fe es una fe que nace del contacto, del diálogo con Jesucristo, nuestro Salvador, con el Señor. Bueno, esa fe tiene que salir a la calle, tiene que salir a los lugares de trabajo, tiene que salir en el entendimiento con los demás, esa fe tiene que expresarse en el diálogo, en la comprensión, en el perdón, en la artesanía cotidiana de combatir por la paz. Sí, una fe en la calle, si la fe no sale a la calle, no sirve, y que la fe salga a la calle no significa solamente hacer una procesión. Que la fe salga a la calle significa que yo en mi lugar de trabajo, en mi familia, en las cosas que hago en la universidad, en el colegio, me muestro como cristiano. Ustedes tienen mártires en su historia, que han dado su vida por seguir este camino. La fe tiene que ser callejera, como Jesús. Si yo les pregunto a ustedes: “¿En qué lugar pasó Jesús más tiempo de su vida? ¡En la calle! predicando el Evangelio, dando testimonio. Yo a ustedes les digo: “En la vida pública, en la vida familiar, al templo a rezar, pero después salir”. Nuestra fe nos tiene que empujar a salir y no quedarnos encerrados con nuestro Jesús, y no dejarlo salir, porque Jesús sale con nosotros, si nosotros no salimos, no sale. Un renovar la fe. Renovar la fe quiere decir hacerla “salidora”, hacerla callejera, que no le tenga miedo a los conflictos, sino que busque solucionar los conflictos familiares, escolares, sociales, económicos. La fe tiene que ser la inspiración mía a comprometerme con mí pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene sus peligros. Quisiera terminar robándole a la Madre sus palabras y que a través mío Ella se las diga a ustedes: “No tengan miedo de salir, no tengas miedo hijito, hijita mía, acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre”.

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 3 febbraio 2016

L’intervista si è aperta con una serie di messaggi di benvenuto di un primo gruppo di messicani, i quali hanno ringraziato il Papa per la decisione di visitare il loro Paese e hanno espresso la speranza che questo incontro porti pace e consolazione e possa rafforzare in tutti la fede. Dopo avere anticipato a Francesco un canto con il quale lo accoglieranno, due di loro gli hanno posto le prime domande. Aarón Fonseca ha chiesto: «Quale sarà il suo sentimento quando si troverà nel nostro Paese e, conoscendo la nostra situazione attuale, quale messaggio vorrà dare?». E Jorge Armando: «Perché viene in Messico? Che cosa ci porterà?».
Sì, qualcosa porterò in Messico, sicuro, ma vorrei dirti che a spingermi di più è cosa vengo a cercarvi. Non vengo in Messico come uno dei magi, carico di cose da portare, messaggi, idee, soluzioni a problemi, e cose simili. Vengo in Messico come un pellegrino, vengo a cercare nel popolo messicano che mi dia qualcosa. Non passerò con il cestino delle offerte, non vi preoccupate, ma vengo a cercare la ricchezza di fede che avete, vengo per farmi contagiare da questa ricchezza di fede. Ho voglia di venire in Messico per vivere questa fede con voi. Vengo cioè con il cuore aperto perché si riempia di tutto ciò che potrete darmi. Voi avete una personalità, un modo di essere che è frutto di un cammino molto lungo, di una storia che si è forgiata lentamente, con dolori, successi, fallimenti e ricerche, ma c’è come un filo conduttore. Avete grande ricchezza nel cuore e soprattutto non siete un popolo orfano perché vi gloriate di avere una Madre, e quando un uomo, una donna o un popolo non si dimentica della propria Madre, questo gli dà una ricchezza che non può descrivere, la riceve, la trasmette. Ebbene, vengo a cercare un po’ tutto questo in voi. Un popolo che non dimentica la propria Madre, quella Madre meticcia, quella Madre che lo ha forgiato nella speranza. Conoscete la battuta di quel messicano che diceva «sono ateo ma sono guadalupano ». Aveva senso, detta da un popolo che non vuole essere orfano. Forse è questa la grande ricchezza che vengo a cercare. Vengo come pellegrino tra voi e grazie di accogliermi!
Sollecitati dalle stesse parole del Papa, tutti hanno manifestato la loro devozione alla Vergine di Guadalupe — «la nostra Morenita del Tepeyac significa molto per noi messicani » ha detto in particolare María de Jesús Ángel Ávila di Veracruz — e hanno chiesto al Pontefice che cosa rappresenti per lui la Vergine di Guadalupe.
Sono stato due volte in Messico. Una volta nel 1970, per una riunione di gesuiti. La seconda volta quando Papa san Giovanni Paolo II ha firmato e consegnato l’esortazione post-sinodale Ecclesia in America, non ricordo bene che anno fosse, forse il 1998. Entrambe le volte sono andato a visitarla, la Signora, la Madre, la Madre di Dio che dà la vita. La prima volta nella vecchia Villa [basilica]. La seconda volta nell’attuale basilica, nel tempio attuale. Cosa suscita in me? Sicurezza, tenerezza. Tutte le volte che ho paura per qualche problema o perché è successo qualcosa di brutto, e non so come reagire, e la prego, mi piace ripetere a me stesso «non avere paura, non ci sono forse qui io che sono tua Madre?». Sono parole sue, «non avere paura». È quello che mi dice più spesso. Un’altra invocazione della Vergine magari m’ispira un’altra cosa, ma ogni volta che mi metto davanti alla sua immagine e la guardo, lì, con quegli occhi, compiendo quella sintesi culturale del Nuovo Mondo che sta nascendo, in attesa del Bambino, mi dico «perché hai paura, non ci sono forse qui io che sono tua Madre?». Non mi aspetto tanto il miracolo dei fiori. Sento che è Madre, che si prende cura, che protegge, che porta avanti un popolo, che porta avanti una famiglia, che dà calore domestico, che accarezza con tenerezza e che ti toglie la paura: «Non aver paura, Juancito». È questo che sento davanti alla sua immagine. Una delle due volte che vi sono stato, volevano spiegarmi l’immagine, ma ho preferito di no, ho preferito rimanere in silenzio a guardarla. Dice molto, è un’immagine che parla, l’immagine di una Madre che protegge, che si prende cura, che sta in mezzo al suo popolo, con il volto del suo popolo. È questo che sento dinanzi a lei. Quando sono venuto a Roma nel 2013, a Buenos Aires stavano iniziando a costruire la parrocchia San Juan Diego, e lì l’ho nominata patrona dei fiorai. San Juan Diego mi dice molto nel suo rapporto con la Vergine. Era un uomo buono, ma dovette fare del tutto per convincere il vescovo e provare l’umiliazione di non essere creduto: «Non aver paura, non ci sono forse qui io che sono tua Madre? ». E lui ha avuto fiducia. Il miracolo dei fiori è possibile perché la Madre è il grande fiore del Messico. Quello che vi chiederei — ma come favore — è che stavolta, che sarà la terza in terra messicana, mi lasciate un momento solo davanti all’immagine. È questo il favore che vi chiedo. Me lo farete?
La conversazione si è spostata poi sui temi sociali. Juan, di Città del Messico, ha detto: «Quando arriverà, veda personalmente quanto soffrono i migranti nel loro viaggio per raggiungere il sogno americano». E Gabriela, di San Luis Potosí, ha aggiunto: «Sono molto felice che venga qui, speriamo porti un po’ di pace, visto quel che stiamo vivendo ora che, con la delinquenza e tutto il resto, uno ha paura di uscire in strada». Un gruppo di donne di Querétaro sono intervenute così: «Speriamo che il Papa ci possa far aprire gli occhi per dire no alla violenza, no alla violenza contro le donne, contro i bambini, no alla violenza».
Hermenegilda e Óscar, di Città del Messico, hanno chiesto quindi a Francesco come pensa di poterli aiutare «ad affrontare la violenza». Violenza, corruzione, guerra, bambini che non possono andare a scuola perché i loro paesi sono in guerra, traffici, fabbricanti di armi che vendono armi perché le guerre nel mondo possano continuare: è più o meno questo il clima in cui oggi viviamo nel mondo, e voi state vivendo il vostro pezzettino, il vostro pezzettino di “guerra”, tra virgolette, il vostro pezzettino di sofferenza, di violenza, di traffici organizzati. Se vengo lì è per ricevere il meglio di voi e per pregare con voi, perché i problemi di violenza, di corruzione e tutto ciò che, come sapete, sta accadendo, si risolvano, perché il Messico della violenza, il Messico della corruzione, il Messico del traffico di droga, il Messico dei cartelli, non è il Messico che vuole nostra Madre e, di certo, io non voglio nascondere nulla di tutto questo. Al contrario, voglio esortarvi alla lotta quotidiana contro la corruzione, contro i traffici, contro la guerra, contro la disunione, contro il crimine organizzato, contro la tratta delle persone. «Che ci porti un po’ di pace» ha detto uno di voi. La pace è qualcosa che bisogna costruire ogni giorno. Non solo, con un’espressione che sembra una contraddizione, per la pace bisogna lottare ogni giorno! Bisogna combattere ogni giorno per la pace, e non per la guerra. Seminare mitezza, intesa, seminare pace. San Francesco pregava: «Signore fai di me uno strumento della tua pace». Vorrei essere in Messico uno strumento di pace, ma insieme a tutti voi. È ovvio che da solo non posso, sarebbe una follia se lo dicessi, ma insieme a tutti voi posso essere strumento di pace. E come s’impasta la pace? La pace è un lavoro artigianale, un lavoro di ogni giorno che s’impasta con le mani: da come educo un bambino a come accarezzo un anziano sono tutti semi di pace. Parola e carezza. La pace nasce dalla tenerezza, la pace nasce dalla comprensione, la pace nasce o si fa nel dialogo, non nella rottura, ed è proprio questa la parola chiave, il dialogo: dialogo tra i dirigenti, dialogo con il popolo e dialogo tra tutto il popolo. Quante volte in una lite di quartiere troviamo la soluzione che ci sembra la migliore. E quella è solo una piccola guerra. Anche nel quartiere, anche nella famiglia, bisogna cercare e fare la pace, e ciò si fa con il dialogo: essere aperti a parlare con l’a l t ro , ad ascoltare le sue ragioni e a lasciarsi correggere. «Padre, ma con un delinquente non si può fare». È vero, ma posso dialogare con chi può cambiare il cuore di quel delinquente. Abbiamo la Madre, parliamo un po’ con lei. Diciamole: «Guarda, se mi hai detto di non aver paura perché sei mia Madre, tu che sei mia Madre risolvi questo problema». Sì, io porrei questa domanda a ognuno di voi: chiedo alla Vergine di Guadalupe, la Madre del Messico, l’Imp eratrice dell’America, le chiedo la pace, le chiedo di mettere pace, in quel luogo, in quell’altro e in quell’altro ancora, offro una preghiera alla Madre affinché metta pace? Non dovete aver paura di ascoltare l’altro, vediamo quali sono le sue ragioni. E, per favore, non dovete entrare in nessuna, nessuna trama solo per guadagnare soldi: questo renderebbe schiava la mia vita in una guerra interiore e mi toglierebbe la libertà, perché la pace dà liberta. E chiederò alla Vergine, insieme a voi, di darvi la pace, che la Guadalupana vi doni la pace del cuore, della famiglia, della città e di tutto il paese.
Un altro gruppo di fedeli si è confrontato sul significato che ha per i messicani la visita del Papa e si è domandato cosa si aspetti Francesco da loro. Rubén de la Cruz Martínez (Guanajuato) ha auspicato: «Spero ci faccia uscire dal nostro letargo nel vivere la fede, perché non sia solo una fede vissuta in chiesa ma una fede vissuta nelle strade, al lavoro, in ufficio, nella politica, nei media, perché dobbiamo essere seminatori dei valori evangelici ». Da parte sua, José Ranulfo Lobato (Guanajuato) si è augurato che il Pontefice possa favorire una rinascita religiosa, mentre Jorge Armando ha osservato come le visite papali in Messico siano avvenute in tempi di crisi per il Paese. Dicono che la saggezza parli dal cuore degli anziani buoni. E tra i desideri espressi José Ranulfo ha indicato quello di un rinnovamento spirituale che la mia visita potrebbe suscitare... E Rubén prima aveva detto che non dobbiamo essere cristiani solo “dentro la chiesa”, ma cattolici in chiesa e fuori dalla chiesa. Che la fede affiori. Quei due interventi mi hanno colpito molto: che questo ci aiuti a essere cattolici veri, a esprimere e a vivere la nostra fede dentro e fuori dalla Chiesa. È questo che vi aspettate. E io vengo per servire, per essere un servitore della vostra fede, perché è per questo che mi sono fatto prete, per servire, perché ho sentito questa vocazione, per servire la vostra fede, per servire la fede del popolo. Ma questa fede deve crescere e uscire fuori, entrare nella vita di tutti i giorni, una fede pubblica. La fede diviene forte quando è pubblica, soprattutto — come è stato detto nell’ultimo intervento — nei momenti di crisi: «I Papi sono sempre venuti quando c’era una crisi». Deve essere così, non l’ho studiato, ma se tu lo dici dev’essere così. Che nel mondo ci sia una crisi di fede è vero. Ma è anche vero che vi sono una grande benedizione, e un desiderio, da voi espresso, che la fede esca fuori, che la fede sia missionaria, che la fede non venga inscatolata come in un barattolo di conserva. La nostra fede non è una fede da museo e la Chiesa non è un museo. La nostra fede è una fede che nasce dal contatto, dal dialogo con Gesù Cristo, nostro salvatore, con il Signore. Ebbene, questa fede deve uscire nelle strade, deve entrare nei luoghi di lavoro, deve realizzarsi nell’intesa con gli altri, questa fede deve esprimersi nel dialogo, nella comprensione, nel perdono, nell’arte quotidiana di combattere per la pace. Sì, una fede nelle strade: se la fede non esce in strada non serve, e che la fede esca nelle strade non significa solo fare una processione. Che la fede esca in strada significa che io nel mio posto di lavoro, nella mia famiglia, nelle cose che faccio, all’università, a scuola, mi dimostro cristiano. Nella vostra storia ci sono dei martiri che hanno dato la vita per seguire questo cammino. La fede deve andare per le strade, come Gesù. Vi domando: «In quale luogo Gesù ha passato più tempo della sua vita?». In strada! Predicando il Vangelo, dando testimonianza. Io vi dico: nella vita pubblica, nella vita familiare, in chiesa a pregare, ma poi bisogna uscire. La nostra fede ci deve spingere a uscire e non a rimanere rinchiusi con il nostro Gesù, senza permettergli di uscire, perché Gesù esce con noi, se non usciamo lui non esce. La fede va rinnovata. Rinnovare la fede vuol dire renderla una fede “che esce”, renderla “di strada”, far sì che non abbia paura dei conflitti, ma che cerchi di risolvere i contrasti familiari, scolastici, sociali, economici. La fede deve essere la mia ispirazione a impegnarmi con il mio popolo, e questo ha i suoi rischi, ha i suoi pericoli. Vorrei terminare rubando alla Madre le sue parole, perché attraverso di me vi dica: «Non abbiate paura di uscire, non aver paura, figlio mio, figlia mia, non ci sono forse qui io che sono tua Madre? » .

© Osservatore Romano - 4 febbraio 2016

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